Ana y el principito
Fecha Friday, 02 December a las 00:05:15
Tema Terror y Microrelatos




Ana no pudo resistir el emocionarse al llegar a casa y de manera impaciente abrir, oler y sentir de nuevo, las páginas del Principito.

Sabía que se había roto el hechizo.

La primera vez que pisó el país, lo hizo acompañada del libro prestado que semanas atrás había releído y con el que una vez más había llorado.

Cada vez que sus ojos acariciaban ciertos párrafos de la obra, las páginas se estremecían por verse una vez más empapadadas.

Siendo niña, había soñado cientos de veces con un príncipe de piel azul y ropas nunca vistas. Viajaba en un caballo de herraduras doradas, una larga quilla y una silla casi imperceptible. A la pequeña Ana, le gustaba ir sola al colegio. Nadie entendía que nunca lo estaba. El más que dulce compañero, la escoltaba de manera majestuosa a lo largo del recorrido. Al llegar a su destino, el príncipe se despedía reverencialmente y sin cruzar palabra, y así fue durante mucho tiempo, el ritual se repetía cada mañana.

El tiempo del colegio fue pasando, su secreto mejor callado seguía formando parte de sus sueños, a veces dormidos, a veces despiertos. Incomprendida, y viendo, que necesitaba algo más que el ritual de todas las mañanas, planeó dar el salto de su vida. Sí, se abrazaría a su caballero y después, huirían…

Aquella noche Ana había cumplido 16 años. No recuerda el después, sólo recuerda que se despertó sudorosa, en un cuarto oscuro y por primera vez, sintió miedo. Quiso llorar, quiso desaparecer. Sabía que no lo volvería a ver. Levantó la persiana, y vio una estrella caer.

La tristeza le acompañó durante mucho tiempo. El miedo se hizo dueño de sus sueños, y sin saber que hacer, siguió los caminos dichos y hechos por otros.

Pronto, sintió la necesidad de salir en la búsqueda de su caballero y príncipe de piel azul, sintió la necesidad de descubrir otros mundos, y también otros reinos. Se fue de uno a otro lado, exprimió almas, se metió y buscó en los sueños de los otros, ignoró las leyes establecidas y se dejó a la deriva.

El olor del principito, del libro, de sus páginas amarillentas le revivió sus recuerdos, y le hizo revivir sus encuentros condenados al fracaso. Bajo una luna llena, que la neblina invernal de París hoy sí dejo que brillase, Ana paseó su libro, sus recuerdos y sus deseos. Sintió como los caballeros le asaltaron. Como testigos, la luna y la luz de la ciudad. Por un momento, les examinó, buscó la piel azul, las herraduras doradas y la larga quilla peinada. Dejó campo abierto a la batalla, y jugó a la defensiva frente a los ataques perturbadores. Ana no se da por vencida. De nuevo ha recuperado su libro, y sabe que, como para los compañeros, no todos aquellos con los que camina son los buenos. Pero no por ello va dejar de caminar.





Este artículo proviene de El Portal de la Rosa de los Vientos
http://rosavientos.es

La dirección de esta noticia es:
http://rosavientos.es/modules.php?name=News&file=article&sid=313