Buscar
   
Volver a la página principal Chatea con montones de oyentes del programa Deja un mensaje para que todos sepan que has estado aqui y dinos que te ha parecido la página Envianos tus propias noticias o articulos para que sean incluidos y todo el mundo pueda leerlos Entra en tu panel de control de usuario donde podrás configurar muchas opciones Si estar conectado com usuario registrado aqui podrás desconectarte
    Registrate
Articulos y Noticias
· La Zona Cero
· Azul y Verde
· Pasajes de la Historia
· Terror y Relatos
· Materia Reservada
· Callejon del Escribano
· Secciones Antiguas
· Entrevistas

Otras Opciones
· Descargas
· Foros de Opinion
· Lista de Miembros
· Mensajes Privados
· Almacen de Articulos
· Recomiendanos
· Tutoriales
· Enlaces

Usuarios Conectados
Actualmente hay 189 invitados, 5 miembro(s) conectado(s).

Eres un usuario anónimo. Puedes registrarte aquí

El Portal de la Rosa de los Vientos :: Ver tema - Maravillas forestales del Planeta
 FAQFAQ   BuscarBuscar    Diccionario de la Real AcademiaDiccionario RAE    PerfilPerfil   Entre para ver sus mensajes privadosEntre para ver sus mensajes privados   LoginLogin 

Maravillas forestales del Planeta
Ir a página Anterior  1, 2, 3 ... 37, 38, 39 ... 235, 236, 237  Siguiente
 
Publicar nuevo tema   Responder al tema    Foros de discusión -> Azul y Verde
Ver tema anterior :: Ver tema siguiente  
Autor Mensaje
roquenublo
zörg supremu
zörg supremu


Registrado: Mar 06, 2010
Mensajes: 6923
Ubicación: las palmas de gran canaria

MensajePublicado: Thu Jun 30, 2011 5:48 pm    Asunto: Responder citando

UN MAREMOTO PUDO GENERAR LAS DUNAS DE MASPALOMAS

En 1755 el terremoto de Lisboa formó un tsunami que llegó a Gran Canaria y que causó el sistema dunar de Maspalomas. Así al menos lo creen investigadores de la ULPGC que buscan demostrar esta hipótesis


El día de Todos los Santos de 1755 unas 100.000 personas perdieron la vida en el terremoto de Lisboa. Un cataclismo que también pudo ser el causante de las dunas de Maspalomas.


Esa es la hipótesis que dos expertos de ULPGC tratan de confirmar, en un nuevo proyecto de estudio nacido en enero, desde que los datos obtenidos en una investigación entrasen en conflicto con la teoría aceptada de que el sistema dunar de la Playa de Maspalomas se creó hace unos 10.000 años.


El sondeo que se realizó en la Playa del inglés en 2008, con motivo del Estudio Integral de la Playa y Dunas de Maspalomas, y en el que se perforó hasta una profundidad de 19,5 metros, arrojó unos resultados, que una vez estudiados, alteraron la concepción de la génesis dunar.


En concreto, en torno al octavo y noveno metro excavado, los elementos sedimentológicos analizados mostraron una ruptura brusca en la línea temporal que sólo podría ser explicada si el campo de dunas se hubiese formado entre 1720 y 1870.
El hallazgo, sin embargo, no ha podido ser confirmado por otros sondeos que permitiesen descartar que los datos obtenidos no fuesen una simple anomalía de un estudio aislado.


"Lo único que tenemos claro", explica Ignacio Alonso Bilbao, doctor en Ciencias del Mar en la ULPGC, "es que la formación de Maspalomas ha sido muy rápida y muy reciente".


Pero, ¿son solo los datos obtenidos en el sondeo los que avalan la hipótesis de la creación fulgurante del campo de dunas? "No", revela Alonso, "antes de 1800 no existían las dunas de Maspalomas, y eso lo hemos comprobado a través de documentos históricos, cartográficos y documentos de naturalistas que pisaron la Isla en los siglos XVII y XVIII. En ellos, nadie hablaba de las dunas. Lo cual es muy llamativo
[img]http://2.bp.blogspot.com/_kYytGo5A7p4/TU_9nrkWlII/AAAAAAAAAeE/k-Es cierto, por otra parte, que las invasiones de los piratas, entre ellas la del almirante holandés Van der Does -que acabó con multitud de documentos al convertir la ciudad en una pira infernal tras ser derrotado-, impiden contar con un mayor número de fuentes documentales. Sin embargo, las existentes son muy reveladoras.


Indicios documentales.


En las descripciones geográficas y cartografías de Antonio Riviere (1742), no se cita en ningún momento la existencia de las dunas; o las del ingeniero Miguel Hermosilla (1785), en las que habla del Charco de Maspalomas pero no escribe palabra sobre el mayor atractivo turístico de Gran Canaria.
Es a partir de 1838, cuando en el atlas que dibujan P. B. Webb y S. Berthelot, se atisba una "amplia playa de arena, que coincide con el actual sector norte de la playa del Inglés", se recoge en el estudio de 2008.


De ahí en adelante, las referencias documentales se hacen cada vez más frecuentes. En 1857 Carl Bolle cita la presencia del campo de dunas, en 1867 lo hace Fritsch Von Karl, en 1876 Juan de León y Castillo lo muestra en una excelente cartografía, y así continúan produciendo multitud de referencias hasta la actualidad, donde las dunas de Maspalomas se pueden visitar a través de imágenes en internet
La investigación, dadas las pruebas obtenidas, no puede quedar detenida ahora. Por eso, Luis Hernández Calvento, Doctor en Geografía de la ULPGC, dirige un estudio llamado: "Diagnóstico ambiental de los sistemas de dunas de canarias para la elaboración de modelos sostenibles de gestión territorial", en el que, junto a innumerables cuestiones a resolver, se baraja la génesis del sistema dunar desde una perspectiva multidisciplinar en la que entran en juego expertos historiadores, arqueólogos, ingenieros topográficos, geógrafos y científicos marinos.


Un tsunami documentado.


Las dunas de Maspalomas no eran nombradas en 1742, pero sí comienzan a serlo 1857. En los escasos 105 años que hay entre cada referencia documental, el campo arenoso más famoso de Gran Canaria ha comenzado a formarse. Pero, ¿cuál es la causa que explica la velocidad a la que se formó?
Para Hernández, los datos obtenidos en los estudios realizados "nos permiten entender que parece posible una entrada masiva de arena que se produce en los últimos cientos de años", y "¿Cómo te llega una gran cantidad de arena?", se pregunta el experto.


"Una de las explicaciones es que se produzca un evento extraordinario", aventura. "Podría ser por un temporal enorme que existiera en la zona o por un tsunami. Conocemos que se produjo un tsunami tras el terremoto de Lisboa. Este afecta a Lisboa, Cádiz y que resulta que también llega hasta Las Palmas", afirma

El maremoto que afectó a Gran Canaria se encuentra documentado por la encuesta que Fernando VI ordenó preparar a su ministro de Estado, Ricardo Wall y Devreux, y que el capitán general de Canarias, Juan de Urbina, se apresuró a contestar.


El estudio histórico realizado por Luis Alberto Anaya, Doctor en Historia en la ULPGC, revela el documento en que Juan de Urbina dio a conocer que el mar se retiró durante ocho o diez minutos y que "regresó con mayor impulso sobre los no tocados límites en la antecedente invasión, repitiéndose hasta tres veces en aquella Isla esta gran novedad, pero sin estrago ni otra circunstancia digna de notarse, y sólo en el Puerto principal de esa Isla, nombrado el Puerto de la Luz, distante una corta legua de la ciudad, se vio entrar el mar e inundar la ermita que allí había de Nuestra Señora de la Luz, y habiéndose retirado como un tiro de pistola dentro de su antiguo límite, descubrió el casco de un navío, de cuyo naufragio no hay memoria, y dejó la ermita llena de pescado".
La hipótesis de la formación dunar gracias al tsunami cobra, con los datos recogidos, mayor fuerza, sobre todo si se tiene en cuenta que entre los años 1785 y 1838 la plataforma sobre la que se asienta la playa del Inglés -formada hacía menos de 2.000 años a través de aportes aluviales y marinos- alcanzó los ocho o nueve metros de profundidad, y que, en aquellos años, "un evento hizo que se acumulase una enorme cantidad de material", entre ocho y nueve metros más de sedimentos, "que permitió a la costa emerger y adquirir la configuración actual", confirma el estudio.


Antes del evento, la plataforma tardaba 146 años en crecer un metro, pero en el lapso temporal entre 1785 y 1838, donde se produce la ruptura sedimentológica del sondeo, la plataforma duplicó su altura.


Y así, el maremoto que destruyó Lisboa, varias poblaciones del Algarve, las costas de Marruecos, Huelva, Cádiz, Conil, Sanlúcar de Barrameda, el Puerto de Santa María, y cuyas olas atravesaron el océano y llegaron hasta América, también pudo ser el origen de las dunas de Maspalomas. Único cataclismo documentado capaz de transportar tal cantidad de arena

_________________
Comunicar es compartir

Sombras del Nublo

Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado Enviar email
roquenublo
zörg supremu
zörg supremu


Registrado: Mar 06, 2010
Mensajes: 6923
Ubicación: las palmas de gran canaria

MensajePublicado: Thu Jun 30, 2011 6:04 pm    Asunto: Responder citando

LAS TRANSFORMACIONES DE LAS DUNAS DE MASPALOMAS A LO LARGO DE LA HISTORIA



PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

A raíz del artículo de La Provincia, publicado en este blog, sobre las investigaciones de la ULPGC, acerca de que el origen de buena parte de Las Dunas pudiera ser debido a un tsunami en 1755, hemos estado documentándonos sobre el tema y exponemos en este artículo algunos datos acerca de como se formaron las dunas y la evolución de las mismas a lo largo de la historia.

Según Luis Hernández Calvento (Maspalomas. El ocaso de las grandes dunas), el sistema dunar de Maspalomas se caracteriza por ser un sistema de dunas móviles. En su formación, los procesos fluviales y marinos han sido determinantes, pues de su interrelación surgió una planicie deltaica de unos 4 km2, al resguardo de una terraza (donde hoy día se asienta la urbanización de Playa del Inglés). Los vientos del NE han transportado a lo largo de millones de años los granos de arena hacia la playa de Maspalomas, al sur, dando forma, en su desplazamiento, al campo de dunas. Durante su progresión, las arenas fueron transformando el paisaje original del delta, obligando a las aguas del barranco a circular por sus canales más occidentales, hasta definir un trazado semejante al actual. En su desembocadura, se formaron una serie de lagunas litorales, de las que hoy sólo queda la charca de Maspalomas

Mapas reducidos del topográfico levantado por el capitán ingeniero Manuel Hernandez en 1746
Hacia el norte, el tránsito de las arenas está condicionado por la presencia de la terraza de El Inglés, que se adentra en el sistema en forma de cuña elevada topográficamente sobre el campo de dunas. En la actualidad la mayor parte de la arena se dirige hacia el sur. Sin embargo, hace unos cuarenta años algunas dunas alcanzaban el techo de la terraza alta, ascendiendo por los barranquillos que desaguan en la playa de El Inglés; el sedimento continuaba su recorrido, logrando cruzar el techo de la terraza y generando a sotavento de este obstáculo topográfico un amplio almacén de arena que alimentaba al sistema interior. Esto ya no ocurre en la actualidad y se ha apuntado como un factor del deterioro de Las Dunas
Mapa de Pedro del Castillo. 1686.
Con la llegada del llamado “tiempo del sur”, las borrascas que ocasionalmente llegan en los inviernos a Canarias con fuertes vientos de procedencia Oeste, se produce un oleaje que erosiona la playa de Maspalomas y transporta el sedimento hacia la de El Inglés, provocando el crecimiento de la Punta de La Bajeta, en su sector este, estableciéndose una laguna estacional. Mucha de esta arena se pierde del sistema (no retorna con los vientos del NE) al caer a una fosa marina que se encuentra cercana a la punta.


Hacemos aquí un inciso para llamar la atención sobre el nombre que recibían Las Dunas, o la Punta en el pasado, que es el de “Morro de Colchas” cómo se puede ver en los mapas que adjuntamos correspondientes a los siglos XVII y XVIII. Los mapas del s. XVIII están basados en los trabajos realizados entre 1740 a 1743 por un equipo de ingenieros militares dirigidos por el teniente coronel don Antonio Riviere que según el coronel Juan Tous Meliá en referencia a como se hacia el levantamiento de los mapas: “ se puede considerar que se trata del primer trabajo científico realizado con plancheta, alidada y una cuerda de cáñamo de 200 toesas”. El capitán ingeniero don Manuel Hernández realizó el levantamiento del mapa de Gran Canaria en 1746.
En dichos mapas, realizados antes del terremoto (1755) se puede apreciar la disposición de las dunas de forma muy parecida a la que tienen en la actualidad, hecho que se contradice con lo expuesto en el artículo de La Provincia. Al mismo tiempo el nombre de Morro de “Colchas”, creemos que puede derivar de la similitud de las dunas con las colchas. Por tanto las dunas ya existían antes del tsunami, aunque este seguramente podría haber ayudado a aumentar su extensión.
Esquemo de evolución deposicional de las paleo-barras de Maspalomas. Jesus Martínez

En dichos mapas, realizados antes del terremoto (1755) se puede apreciar la disposición de las dunas de forma muy parecida a la que tienen en la actualidad, hecho que se contradice con lo expuesto en el artículo de La Provincia. Al mismo tiempo el nombre de Morro de “Colchas”, creemos que puede derivar de la similitud de las dunas con las colchas. Por tanto las dunas ya existían antes del tsunami, aunque este seguramente podría haber ayudado a aumentar su extensión
Hemos expuesto hasta aquí lo que se conoce acerca del funcionamiento del sistema de las dunas, pero existen unos restos en el interior de las dunas, que nos revelan una información muy importante para saber como era la realidad física de las mismas en el pasado. Estos restos, que aún se pueden ver, corresponden a donde llegaba la orilla del mar en otras tiempos, y que por lo que se ve, fue aumentando o disminuyendo (de hecho actualmente están disminuyendo), hacia o desde la Punta de la Bajeta, en diferentes épocas en el pasado

Estas “orillas” o lineas de costa, son lo que en Castillo del Romeral se conoce como “sorrio”, la línea de “callaos” o cantos rodados, la clásica piedra redonda de nuestra costa, que tiene esa forma debido a la erosión producida por el continuo chocar de unas con otras al ser embestidas por las olas, (callao es palabra de origen portugués). Por otro lado para que se hubiera producido esa erosión debieron estar bastante tiempo en contacto con las olas del mar.

Estas lineas de costa o “sorrios” las podemos observar en las fotos adjuntas tomadas de Google Earth, y tienen una disposición, como vemos, desde la terraza de la zona urbana de Playa del Inglés en la zona del centro de interpretación de Las Dunas (Hotel Riu Palace) hasta la playa a unos 700 metros de la charca de Maspalomas, desplazándose hacia la Punta de La Bajeta en varias líneas que
debieron de formar las líneas de costa en el pasado

Según Jesús Martínez, “En el seno del Campo de Dunas, se cartografían barras de cantos rodados, semi-fosilizadas por los depósitos eólicos de arena, que adoptan disposiciones divergentes. Las formas menores tienen anchuras que pueden rebasar los trece metros. En afloramientos puntuales, las separaciones, entre éstas, pueden superar los 32 metros. Sus cantos tienen diámetros entorno a unos 75 mm. Son de naturaleza fotolítica. Presentan una morfoscopia muy redondeada y sub-esférica

Se desconoce o al menos nosotros no hemos podido conseguir la información acerca de las épocas correspondientes a esas líneas de costa, cuando el mar alcanzaba esos puntos, pero se sabe por los periodos de glaciación y calentamiento, que la costa debió de variar durante estos periodos, y podemos suponer por tanto que debieron haber ciclos en los que la costa y por tanto la superficie de dunas aumentaba de tamaño y al contrario
_________________
Comunicar es compartir

Sombras del Nublo

Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado Enviar email
roquenublo
zörg supremu
zörg supremu


Registrado: Mar 06, 2010
Mensajes: 6923
Ubicación: las palmas de gran canaria

MensajePublicado: Thu Jun 30, 2011 10:48 pm    Asunto: Responder citando

jueves 23 de junio de 2011LAS NIEBLAS O BRUMAS DE ESTOS DÍAS, FENÓMENO QUE LOS ANTIGUOS CANARIOS USABAN PARA PRONÓSTICAR AÑO DE ABUNDANCIA.





PABLO GUEDES GONZÁLEZ.


Durante estos días, especialmente los días previos a la ola de calor, se ha producido un fenómeno metereológico que se da con poca frecuencia en el sur de la isla, el cual conocían perfectamente los antiguos canarios y para el que daban un significado especial.


Este fenómeno, que se produce duarante varias horas después del amanecer, en las fechas cercanas al solsticio de verano (20-21 junio-San Juan), se debe a lo que los meteorólogos llaman inversión térmica, el aire de las capas inferiores de la atmósfera es mas frío que el de las superiores con lo que no puede elevarse, y se forman los nieblas o brumas en zonas determinadas del sur.

Para los canarios estas nieblas eran los fantasmas de sus antepasados, los “magios” o “majos”, los hijos de “Magec”:

“ De las particularidades que los ysleños tubieron en algunas (islas) lo primo decían que el año que aparecían los Majos, o encantados, que son ciertas nubes a la parte de el sur por los días maiores de el año que es a fines de Junio tenían por prognóstico serles el año feliz de fructos y creían haver en ello algo sobrenatural en que el demonio les tenía engaño puesto como en otras cosa”. Marín (1986 (1687
Para José Barrios, (Investigaciones sobre matemáticas y astronomía guanche. II), que cita a Marín, existía un fenómeno metereológico, que conllevaba un ritual de predicción del futuro, que tenía lugar en la zona sur de Gran Canaria, en las épocas cercanas al solsticio (aunque el texto habla de otoño, lo que debe ser un error):

“ Los canarios llamaban encantados a ciertos nublados o vapores levantados de los arroyos orillas de el mar a la parte del sur de esta isla de Canaria, que a la verdad duran por tres horas salido el sol, unos hacen forma de torres, navíos, hombres a caballo, ejércitos de a pie, y conforme corre el viento norte o noroeste en tiempos de otoño, que se recogen allí al sotavento de los montes: lo mismo es como causa natural en los ríos, y demás partes donde hay humedades, y vapores. Prognosticaban la abundancia o esterilidad del año o las mudanzas de su gobierno, u otras adivinaciones, y según estos encantamientos hubo de nacer de ellos el desir, que otra isla en este paraje de las Canarias andaba oculta de la cual ni historiador, ni geógrafo nos da tal noticia”. Marín (1941 (1694))

Es posible que la isla nombrada, fuera Fuerteventura, solo visible pocos días al año, e indicadora de la lluvia, señalada con el mojón mayor del yacimiento del Coronadero (Barranco Hondo).
Es posible que la isla nombrada, fuera Fuerteventura, solo visible pocos días al año, e indicadora de la lluvia, señalada con el mojón mayor del yacimiento del Coronadero (Barranco Hondo).

Relacionado con los ritos anteriores, vemos otro, que era el del culto a los muertos:



“ …juraban por Magec que es el sol … a el alma tenían por inmortal hija de Magec, que padece afanes, congojas, angustias, sed y hambre, y llévanles de comer a las sepulturas los maridos a las mugeres, y ellas a ellos a los fantasmas llaman Magios o hijos de Magec.” Marín (17?? (1694))


Tenemos que recordar en este punto la leyenda de los antiguos pastores del Castillo, acerca de la existencia de un cementerio de canarios en los altos de San Agustín.
De la misma forma, se han descubierto diferentes momias aborígenes, en la zona de costa de Amurga. Aquí citamos como ejemplo, una en una cueva en Altos del Coronadero, de la que nos informó Francisco Peinado, así como otras en cuevas de Barranco Hondo, en el curso superior a Altos del Coronadero, de la que nos dieron noticias pastores de Juan Grande. De igual forma relacionamos aquí, las Necrópolis de Arteara y de Maspalomas, situadas en los límites de Amurga, que debieron ser auténticos centros de peregrinación y de ritos, como lo son los cementerios de hoy día.


Recordamos que el año pasado se produjeron las nieblas en fechas cercanas a San Juan y durante el invierno llegaron a las islas muchas borrascas y con ellas abundantes lluvias. Si hacemos caso a las crónicas y a los pronósticos de nuestros antepasados, para este año nos espera otro invierno lluvioso


Bisbita caminero o de Berthelot (Anthus berthelotii)Castillo del Romeral, Sur de Gran Canaria


_________________
Comunicar es compartir

Sombras del Nublo

Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado Enviar email
roquenublo
zörg supremu
zörg supremu


Registrado: Mar 06, 2010
Mensajes: 6923
Ubicación: las palmas de gran canaria

MensajePublicado: Thu Jun 30, 2011 11:34 pm    Asunto: Responder citando

AMURGA, EL SANTUARIO PERDIDO IV. LOS RITOS SAGRADOS




Si como pretendemos demostrar con estos artículos, Amurga era un lugar sagrado para los antiguos canarios, es lógico que en su territorio se tuvieron que haber realizado las principales ceremonias sagradas de este pueblo, que como ocurre con todas las culturas, deberían tener unas fechas determinadas, de acuerdo con el antiguo calendario canario.


En estas ceremonias intervenía el Faicán como gran sacerdote, junto con las sacerdotisas, las harimaguadas, y el pueblo, suponemos que en peregrinación, desde los poblados importantes de la comarca, situados en las inmediaciones de Amurga: Agüimes, Tunte, Fataga, Gitagana (Arteara), Maspalomas y los poblados de la costa de los que no tenemos constancia, como podría ser el de Pozo del Lentisco.


Las ceremonias principales “conocidas”, estaban dirigidas a pedir el favor de su divinidad para que se produjera la lluvia, para tener buenas cosechas y en especial en Amurga, para tener buenos pastos para el ganado y la fecundidad del mismo, fuente principal de la economía. Además de lo anterior tenían otros motivos para realizar sus ritos: para el bienestar, la fertilidad y el buen gobierno del pueblo, la paz y la salud en el nuevo año.
Los canarios veneraban a sus antepasados fallecidos y realizaban ceremonias para que la divinidad intercediera en los momentos malos, de enfermedades o de guerras, como sucedió con la conquista.

Creemos que todas estas ceremonias se desarrollaban en épocas determinadas del año, siendo las más importantes según citan las fuentes y nuestro descubrimiento del calendario relacionado con la estrella Canopo, las desarrolladas a finales de Agosto y de Abril.

En una comarca eminentemente ganadera, que basaba su economía y por tanto su supervivencia en la producción de los rebaños de cabras y ovejas, debieron de tener gran importancia las actividades relacionadas con esta fuente económica. Es por ello que “las apañadas”, o reunión del ganado que pastaba libremente, en una determinada época del año, debieron de tener su trascendencia, en los ritos.

En la exposición de los rituales que veremos a continuación, notaremos la importancia de varios elementos que debían ser característicos del lugar sagrado: la altura, pues los ritos se realizaban en lo alto de un monte; el mar, por lo que esos montes sagrados debían estar relativamente cerca del mismo, y por último el contar con recintos amurallados o cercos, situados en esos lugares altos

Como hemos venido tratando de demostrar con estos artículos, Montaña de Las Tabaibas, dentro de Amurga, es el lugar que cumple con esas tres características comentadas y por lo tanto el sitio candidato ideal a ser considerado el otro monte sagrado junto con Tirma, lugar desconocido hasta ahora, que llamaban Amagro o Umiaga.

Véase como Marín y Cubas describe este sitio y algunos de los ritos realizados:

“El mayor adoratorio donde hacían romerías era Almogarén de Umiaya, que es una casa de piedra sobre un alto risco de Tiraxana, llamado Riscos Blancos, que fueron de Antón de la Santidad, conquistador. Aún allí hay tres braseros de cantos grandes, donde quemaban de todos frutos, menos carne, y por el humo, si iba derecho o ladeado, hacían su agüero, puestos sobre un paredón a modo de altar de grandes piedras, y enlosado lo alto del monte, y ha quedado una como capilla y zancarrones dentro todo de una gran cerca de piedras muy grandes, y el Risco es el más descollado de todos aquellos sitios.”

LOS RITOS SAGRADOS
Recreación poblado aborigen Lomo Los Gatos, Playa de Mogán

Los rogatorios de lluvia.


En una anotación del diario del fiscal de la Audiencia de Canarias, José María de Zuaznavar y Francia se dice:

“También vi este día vna hacienda de Don Agustín de la Rocha, vecino del “Real de las Palmas”, situada a la entrada del pueblo en la orilla del barranco: hoy la llaman el “Bailadero”; pero Cristina Bañez, muger de Alonso de Matos, cuya era el año de 1570, le da el nombre de “Baladero” en su testamento otorgado aquel año ante Juan de Vega, sin duda porque según tradición que hay en el pueblo de “Telde”, confirmada por Núñez de la Peña, quando los “canarios” se veían perseguidos de la hambre, de la peste o de otra cosa semejante, imploraban la misericordia de Dios encerrando su ganado lanar en una gran plaza de tosca, que hay en dicha hacienda junto al barranco, donde privandolo de pasto y comida por unos quantos días, le obligaban a “balar”, lo qual consideraban como un medio de implorar la
misericordia divina”.(Millares Carló, 1932, p. 634).

En Tenerife estos “ bailaderos" o "baladeros" eran recintos cultuales con un espacio grande, de suelo terrizo, muy apisonado y limpio y en ocasiones empedrados, que ciertos días adornaban de ramaje. Esta plazas cumplían la función de Efeken donde las maguadas (harimaguadas) realizaban los ritos y ceremonias nocturnas dedicados a esta Deidad, prácticas religiosas que nos hablan de una tradición en la que el culto a la fertilidad y los ritos de purificación estaban presentes en la vida cotidiana y se mantuvieron durante muchos años después de la invasión de la isla. (Eduardo García Rodríguez. Arquitectura Canaria Pre-colonial. VII)

Otros cronistas citan a las harimaguadas o sacerdotisas, en esos ritos rogatorios de las lluvias y esta vez, incluido el mar en el ritual

Cuando faltaban los temporales, iban en procesión, con varas en las manos, y las magadas con vasos de leche y manteca y ramos de palmas. Iban a estas montañas (Tirmac y Umiaya), y allí derramaban la manteca y leche, y hacían danzas y bailes y cantaban endechas en torno de un peñasco; y de allí iban a la mar y daban con las varas en la mar, en el agua, dando todos juntos una gran grita”. (Abreu (1590) 1977).

Según la opinión de la mayoría de historiadores, las harimaguadas eran muchachas vírgenes que se preparaban para ser esposas y realizaban ritos de paso de la pubertad o iniciación a la vida sexual adulta, hecho corriente en las sociedades primitivas. Estaban al cuidado de mujeres expertas y eran instruidas en todo lo relacionado con el matrimonio y la maternidad y vivían en sitios apartados Así por ejemplo, se cree que Cuatro Puertas, era una especie de monasterio de las harimaguadas
Ritos de las Harimaguadas.

Las jóvenes solo salían de su recogimiento para bañarse a solas en el mar, para participar en los rituales colectivos relacionados con la lluvia y para su casamiento.

Vemos de nuevo la importancia del mar en los ritos: Los baños purificadores, que en ningún caso eran exclusivos de las (hari)maguadas, debían efectuarse al término de las menstruaciones. El agua del mar cumplía su función como desinfectante de las presuntas impurezas sexuales, al tiempo que se le atribuía cierto poder fertilizante. (Francisco Pérez. La mujer en la sociedad indígena de Canarias). Por su parte, los hombres tenían terminantemente prohibido asistir a los lavatorios:

“í havían de ir solas avía día díputado para esso y assí savíendolo, ono, tenía pena de la Vida el hombre que fue averlas o encontrarlas í hablarlas”. (Gómez Escudero (1484) 1934).

Otra versión del rito del baladero, las rogatorias de lluvias, y el mar:

Juraban por Tirma y Umiaya, aunque algunos autores sustituyen este último juramento por el de Atis-Tirma, Atis-Magro. En las solemnidades consagradas a implorar la clemencia del cielo, juntaban los ganados y apartaban las hembras de los machos, y luego ayunaban todos, hombres, mujeres, niños y animales durante tres días, lanzando terribles gritos, aullidos y vociferaciones alrededor de Tirma o Umiaya, y desde allí bajaban en procesión al mar para azotar sus olas”. (La religiosidad de los guanches.)

Vemos de nuevo y de la misma manera la importancia del mar en los ritos:

“Tenían otra casa en un risco alto llamado Almogaren, que es casa sancta; allí invocaban i sacrificaban regándola con leche atodos los días, i que en lo alto vuela su Dios i tenían ganado para esto diputados (...) (el faikán) era el que en tiempo de necesidad llamaba Líjente del pueblo, i llevando todos en prosesion varas en las manos iban a la orilla de el mar, i también llevaban ramos de árboles, i por el camino iban mirando a el cielo i dando altas vozes, levantando ambos bracos puestas las manos, i pedían el agua para sementeras i decian: Almene Coram (válgame Dios), daban golpes en el agua con las varas i los ramos, assí con esta súplica les provehía el Summo Dios, i assi tenían gran fe en hacer esto”.(García Escudero
Se puede desprender de la lectura de estas crónicas, que la montaña sagrada debía estar en las cercanías del mar, descartándose por tanto Risco Blanco, en el centro de la isla.

Los despeñamientos sagrados

Según Rodríguez Fleitas y colaboradores:


“…al risco de Tirma coinciden en describirlo como un lugar de despeñamiento ritual confusamente vinculado a los linajes aristocráticos indígenas. Si creemos a Palencia y al bachiller Andrés Bernáldez, los refugios-santuarios de Tirma y Tirajana comportaban una serie de estructuras, tales como amurallamientos y acaso silos, entre las que destacaba una casa que hacía las veces de adoratorio….Víctor Grau-Bassas y Mas, echaba en falta la presencia aquí (en Tirma) del relieve abrupto y acantilado que, en su opinión, parecería exigir la escenografía de oratorios y despeñamientos rituales… él mismo sugiere, haya que buscar el roquedo de Tirma, y acaso también el santuario, hacia los vertiginosos acantilados costeros de esta comarca.”(Los Almogarenes Prehispánicos de Gran Canaria. Una revisión necesaria.)


Recordamos que alrededor de la corona de Montaña de Las Tabaibas, existía una muralla, de la que quedan muchos restos, perfectamente visibles hoy día, incluso desde la autopista.


Los nublados al sur de “Canaria
Para José Barrios, (Investigaciones sobre matemáticas y astronomía guanche. II), que cita a Marín, existía un fenómeno metereológico, que conllevaba un ritual de predicción del futuro, que tenía lugar específicamente en la zona sur de Gran Canaria, por lo que se tuvo que desarrollar en Amurga y Montaña de Las Tabaibas, en las épocas cercanas al solsticio (aunque el texto habla de otoño, lo que debe ser un error
Montaña de Las Tabaibas. Obserevese muralla en la corona.

Los canarios llamaban encantados a ciertos nublados o vapores levantados de los arroyos orillas de el mar a la parte del sur de esta isla de Canaria, que a la verdad duran por tres horas salido el sol, unos hacen forma de torres, navíos, hombres a caballo, ejércitos de a pie, y conforme corre el viento norte o noroeste en tiempos de otoño, que se recogen allí al sotavento de los montes: lo mismo es como causa natural en los ríos, y demás partes donde hay humedades, y vapores. Prognosticaban la abundancia o esterilidad del año o las mudanzas de su gobierno, u otras adivinaciones, y según estos encantamientos hubo de nacer de ellos el desir, que otra isla en este paraje de las Canarias andaba oculta de la cual ni historiador, ni geógrafo nos da tal noticia”. Marín (1941 (1694))


Es posible que la isla nombrada, fuera Fuerteventura, solo visible pocos días al año, e indicadora de la lluvia, señalada con el mojón mayor del yacimiento del Coronadero.


Para los canarios estas nieblas eran los fantasmas de sus antepasados, los “magios” o “majos”, los hijos de “Magec
De las particularidades que los ysleños tubieron en algunas (islas) lo primo decían que el año que aparecían los Majos, o encantados, que son ciertas nubes a la parte de el sur por los días maiores de el año que es a fines de Junio tenían por prognóstico serles el año feliz de fructos y creían haver en ello algo sobrenatural en que el demonio les tenía engaño puesto como en otras cosa”. Marín (1986 (1687))


Relacionado con los ritos anteriores, vemos otro, que era el del culto a los muertos:


“ …juraban por Magec que es el sol … a el alma tenían por inmortal hija de Magec, que padece afanes, congojas, angustias, sed y hambre, y llévanles de comer a las sepulturas los maridos a las mugeres, y ellas a ellos a los fantasmas llaman Magios o hijos de Magec.” Marín (17?? (1694))


Volviendo a recordar en este punto la leyenda de los antiguos pastores del Castillo, acerca de la existencia de un cementerio de canarios en los altos de San Agustín
De la misma forma, se han descubierto diferentes momias aborígenes, en la zona de costa de Amurga. Aquí citamos como ejemplo, una en una cueva en Altos del Coronadero, de la que nos informó Francisco Peinado, así como otras en cuevas de Barranco Hondo, en el curso superior a Altos del Coronadero, de la que nos dieron noticias pastores de Juan Grande. De igual forma relacionamos aquí, las Necrópolis de Arteara y de Maspalomas, situadas en los límites de Amurga, que debieron ser auténticos centros de peregrinación y de ritos, como lo son los cementerios de hoy dia
Los ritos astrales

En nuestro artículo “Los yacimientos aborígenes de Cuatro Puertas y del Coronadero (Amurga), relacionados con la estrella Canopo.”aportábamos nuestro descubrimiento acerca de que las alineaciones del sol naciente con marcadores situados en estos dos yacimientos, en dos fechas del calendario, coincidían con la aparición de la estrella Canopo en el cielo de Canarias.


En los últimos tres mil años, la aparición de Canopo se produce en torno al 23 de agosto (± 5 días), permaneciendo visible hasta el 17 de abril (± 5 días) ocultándose el resto del año. ( Ignacio Reyes García. El Cielo de los antiguos).

Para nosotros estas fechas, eran importantes en el calendario canario y debieron de tener su significado en los ritos.


En el yacimiento del Coronadero situado a menos de 800 mt. de Montaña de Las Tabaibas y visible desde la misma, se daba además otra alineación importante, descubierta por Francisco Peinado, que era la de que el mojón mas grande del yacimiento (el utilizado para el marcador del sol naciente con la aparición de Canopo), a su vez señalaba a Fuerteventura cuando esta era visible, lo que indicaba una predicción de lluvia para los siguientes días
En los trabajos de campo arqueoastronómicos realizados por el grupo del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), acerca de alineaciones de marcadores astrales, en más de un centenar de yacimientos canarios, “se confirma de forma estadística, y en algunos casos espectacular, la importancia que los elementos astrales y principalmente solares tenían en la religión aborigen”. (César Esteban. La Arqueoastronomía en España.). Ello nos da cuenta de la importancia que los marcadores astrales tenían en los rituales canarios.


En Amurga tenemos pruebas de varias alineamientos, además del comentado con la estrella Canopo en el complejo que forman el Arco y la cima del Coronadero
Así, desde La Fortaleza de Santa Lucia, se puede ver que en los días de los equinoccios (21 marzo, 22 septiembre), durante el atardecer, el sol se oculta por un risco donde se situá el Almogarén de Amurga. Del mismo modo, en Arteara, igualmente durante los equinoccios y esta vez en la salida del sol al Barranco, por un determinado punto de los riscos de Amurga, los primeros rayos de sol iluminan un particular túmulo funerario, el mas prominente, denominado por los lugareños “la tumba del rey”


El calendario canario. Las fiestas de los canarios: “El Charco

Volviendo a nuestro descubrimiento de Canopo y su relación con el calendario canario (ver artículo comentado), estuvimos buscando las fechas de las fiestas de origen prehispánico que se han conservado hasta la actualidad y nos quedamos sorprendidos al descubrir que la fiesta del Charco en La Aldea, se celebraba en la antiguedad, exactamente el 23 de agosto (fecha de la aparición de Canopo).


Así, el obispo Francisco Delgado Venegas, en visita pastoral a La Aldea el 23 de agosto de 1776, contempló la fiesta describiéndola como sigue (Crónicas desde el Paraíso):


"…hallándose su Itma. informado del desorden que siempre ha avido en este lugar quando se celebra la embarbasca o fiesta del Charco; que está donde dicen la mar ciega, echándose en él hombres y mujeres casi desnudos, olvidando con las obligaciones de cristiano, aquel pudor y vergüenza, natural de todo racional, pecando mortalmente en tal depravada diversión…”


La fiesta fue declarada BIC, por el Gobierno de Canarias y en el decreto de su declaración se dice que la misma se ha conformado como una muestra de la pervivencia de prácticas culturales prehispánicas, en concreto de la pesca mediante la técnica del "embarbascado", costumbre de los antiguos canarios de verter latex o “leche” de tabaibas o cardones en los charcos costeros para pescar los peces con facilidad, una vez narcotizados. Costumbre que continuó usándose en diferentes zonas de Gran Canaria, al menos hasta la primera mitad del siglo XX.

Grau Bassas en 1887, describe asombrado la fiesta, de la siguiente forma:


“...la gran mayoría de los concursantes entregados a la expansión más sensual inimaginable… Las mujeres, bailan y cantan, corren y luchan con verdadero frenesí alegres alaridos … y no se preocupan de otra cosa que de recoger abundante pesca… y enseñando cosas que no son para ser vistas… la noche no permite ver más y se retiran a sus casas cantando y sonando guitarras, corriendo y gritando como locos. ¿Cree Vd. que a descansar? No señor, a freír el producto de su pesca y a continuar el baile y el jaleo; esta gente tiene algo de demonio por lo incansable. Yo salí loco."


Esta fiesta, que como vemos se relaciona con las costumbres de pesca de los canarios, creemos que su verdadero objetivo era el de celebrar la visibilidad y llegada de Canopo un año mas a Canarias, indicativo de la marcha de los calores y de la proximidad de la temporada de lluvias. La pesca es la excusa para el juego, la diversión y el frenesí, y esta fiesta representa uno de los últimos vestigios de las celebraciones aborígenes que nos quedan, del que se puede hacer una extrapolación de cómo podían haber sido las celebraciones y fiestas de los canarios
Las fiestas para los guanches de Tenerife, se llamaban beñesmer y sobre ella José Barrios señala que:


“…sin perjuicio de constituirse el Beñesmer en toda circunstancia excepcional, como a la muerte y proclamación de los menceyes, declaración de la guerra, etc., por ministerio de la ley los soberanos lo convocaban tres veces al año, en la cuarta, octava y duodécima luna, durando cada legislatura nueve días que correspondían a los nueve últimos de la 3ª decena del mes de Abril, 2ª decena de Agosto y 3ª de Diciembre.” (Investigaciones sobre Matemáticas y Astronomía Guanche. Sistemas de Numeración.).


Estas fechas comprenden las relacionadas con Canopo: 17 de abril y 23 de agosto (± 5 días) y las del solsticio de invierno, el día más corto del año, el 21 de diciembre, que creemos que eran importantes para los canarios de Gran Canaria.


Estas fechas comprenden las relacionadas con Canopo: 17 de abril y 23 de agosto (± 5 días) y las del solsticio de invierno, el día más corto del año, el 21 de diciembre, que creemos que eran importantes para los canarios de Gran Canaria.


Tenemos una descripción de las fiestas del beñesmer de Tenerife, que suponemos, debieron ser parecidas a las de Gran Canaria:


“...celebrauan fiestas anales, por espacio de nueue dias; juntauanse los de cada reyno en el palacio de su rey; y alli se regozijauan con juegos, danças,bailes [...]: en estas fiestas auia grandes combites à costa de el rey.” (Núñez de la Peña, (1676). J. Conqvista y Antigvedades de las Islas de la Gran Canaria, y sv Descripción).


Las Apañadas

Corral en Bco. Las Palmas - Amurga.
Creemos que en Amurga, zona eminentemente ganadera, distintos ritos debían estar relacionados con las apañadas y sueltas del ganado, que se hacían de forma comunal, hasta tiempos recientes. Estos sistemas de una de las formas de vida principales de los canarios, servían de mecanismo regulador del número de cabezas de ganado para mantener el territorio sin degradación, regulaba las marcas de las reses y a quien pertenecían los baifos sin marcas y reglamentaba los conflictos entre los dueños

El objetivo de las apañadas era el de reunir el ganado salvaje o “guanil” (del amazig “wannil”), que para que se alimentara libremente de los pastos, se encontraba suelto en Amurga. Para ello se juntaba la comunidad de pastores junto con los perros, que realizaban una batida, empujando a las reses hasta un determinado lugar donde se encontraba el corral o gambuesa donde finalmente era encerrado el ganado.


Según Santiago Cazorla, (los Tirajanas de GC), la actividad ganadera heredada de los aborígenes, permaneció después de la conquista y año tras año se realizaban las apañadas para marcar el ganado y seleccionar el destinado a su sacrificio. Según escritura de 1618, Sebastián Sánchez cobró 1.735 reales de Antón Pérez Cabeza en ovejas que este último tenía que pagarle en cabezas salvajes “en las apañadas de Amurga por mal nombre”. (AHPLP. Protocolos, leg. 2.491), que es la primera cita de Amurga en documentos escritos
De las apañadas de Amurga queda constancia igualmente, en los libros parroquiales de San Bartolomé de Tirajana, anotándose los diezmos de la Iglesia, y en los autos ejecutados por la Real Audiencia, como es el caso del pleito de las Salinas

La importancia de la ganadería en toda la comarca y especialmente en Amurga, se demuestra en que a mediados del XVI se establece en Agüimes un “concejo de regulación de pastos y defensa de los intereses de los pastores”, en contraposición a los cultivadores de cereales. (Suárez Grimón y Quintana Andrés: Historia de la Villa de Agüimes)


Desafortunadamente en Amurga ya no podemos ver las apañadas, que se estuvieron realizando hasta épocas recientes. Según información que hemos podido recopilar, las apañadas en Amurga, que aquí se llamaban “juntas” se realizaba en dos épocas marcadas, en Navidad y en Carnavales. El objetivo de estas apañadas era marcar los baifos con la marca de las madres, para determinar su dueño. También obtener carne, con que celebrar estas épocas festivas. Según nuestros informadores existían varios corrales donde finalizaban las apañadas y quedaba el ganado encerrado: El Corral de Las Cazuelas (Altos de Tarajalillo), el Corral de La Jumosa, en La Gloria, por la zona de San Agustín y otro del que no se recuerda el nombre, a la izquierda del cauce de Barranco Hondo.

Es posible que el Corral de Las Cazuelas, el cual todavía existe en Tarajalillo, (se puede ver desde la autopista), que se situaba por la zona donde creemos estaba Pozo del Lentisco, sea el mismo, al que hace referencia Santiago Cazorla, en la siguiente información
Conquistada la Isla, la primera data concedida en Amurga fue de sesenta fanegadas de terreno al capitán Antonio Espino el 28 de febrero de 1577: «lindando por una parte con el Barranco del Águila y por la otra corrales en que antiguamente encerraban el ganado salvaje»". (Los Tirajanas de GC).

El Barranco del Aguila se encuentra al sur del de Tarajalillo donde se situaba Pozo del Lentisco. Se apunta a corrales donde se encerraba el ganado salvaje, el que se cogía en las apañadas, lo que se hacía con toda seguridad en tiempos de los canarios.

De los pocos lugares de Canarias, donde todavía se observa esta tradición, vamos a destacar las que se hacen en Cofete , donde se celebran dos apañadas grandes, de amplia asistencia pastoril, las de la víspera de San Juan (24 de junio) y la Virgen del Carmen (16 de julio), fechas importantes en Jandía. Su objetivo esencial es el de “recoger carne”, principalmente machos jóvenes que se llevan y consumen durante las citadas festividades

En Lanzarote se realiza “la suelta” cuando comienza la época de lluvias, que es cuando el ganado se puede alimentar de la hierba que crece, y no necesita ser alimentado en los corrales para sobrevivir.


Como hemos visto, las apañadas se realizaban o podemos decir se celebraban y se celebran en la actualidad en épocas festivas. Por tanto las mismas en la época aborigen debieron de hacerse en las fechas mas significativas de su calendario, que ya hemos comentado: 17 de abril y 23 de agosto (± 5 días) y 21 de diciembre

_________________
Comunicar es compartir

Sombras del Nublo

Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado Enviar email
roquenublo
zörg supremu
zörg supremu


Registrado: Mar 06, 2010
Mensajes: 6923
Ubicación: las palmas de gran canaria

MensajePublicado: Thu Jun 30, 2011 11:56 pm    Asunto: Responder citando

AMURGA, EL SANTUARIO PERDIDO II. EL TERRITORIO SAGRADO DELIMITADO POR MOJONES

Según la Crónica Ovetense (1478-1512), la supuestamente más antigua de entre las conservadas, acerca de la conquista, que:


“Estos canarios tenían por santuario a dos riscos llamados Tirma y Cimarso [Amagro], que tienen dos leguas cada uno en redondo, que confinan con el mar, y el malhechor que a estos cerros se acogía era libre y seguro, y no le podían sacar de allí si él no quería, guardándolos y reverenciándolos como a iglesias, y como acá amparados la casa santa de Jerusalén juraban ellos Asitis tirma y Asitis magro”


Mojón en Tauro Observese laja hincada. Foto: Pablo Guedes


En este artículo, queremos destacar de este importante testimonio, la extensión que se le suponía a cada uno de los territorios sagrados, que era de dos leguas, unos 10 km, confinando con el marSegún la Carta Arqueológica municipal de SBT, en Amurga hay 17 zonas (ver gráfico) donde se encuentran mojones, o torretas de piedras, como las denominan los expertos, que marcan un territorio comprendido entre el Barranco Hondo y el de Fataga y desde los altos de Amurga y su almogarén hasta prácticamente las últimas estribaciones montañosas antes de llegar al llano, en la zona de la costa. Este territorio, forma un triángulo con las siguientes medidas: Lomo Pajarcillo - Altos del Coronadero: un poco menos de 10 km., Lomo Pajarcillo altos de Lomo de Maspalomas: algo mas de 10 km. y altos de Lomo de Maspalomas hasta Altos del Coronadero: unos siete kilómetros
Izda. Mojón en la Cumbrecilla de Amurga, creemos que es el que tradicionalmente conocen los pastores como Mojón de Afón Fuente: Patrinet.net
Dcha. Mojón en los altos de Tauto, observese laja hincada

nuestro artículo sobre la relación de los yacimientos del Coronadero y de 4 Puertas, con la estrella Canopo y el calendario de los antiguos canarios, hacíamos referencia a un texto del pleito sobre los linderos del Señorío Episcopal de Agüimes, que tuvo lugar entre 1502 y 1517, en el que se citan “santidades” o lugares sagrados, delimitados por mojones:


“...no teniendo el dicho lugar o villa de Aguymes término limitado alguno que suyo fuese ni le perteneciese como estava provado e averiguado porque si algunos testigos dezían aver oido dezir tener termino limitado por otros muchos afirmativamente se provava no lo tener más de aver en él una santidad donde los dichos canarios se acogían con sus ganados en tiempos de guerras para estar seguros como en otras partes muchas que avía semejantes en la dicha isla e que de la dicha santidad serían los mojoenes si alguno oviese e que el dicho lugar era aldea de la ciudad de Telde donde residía el Rey de la dicha isla.” (Cazorla León, S. Agüimes, Real señorío de los obispos de Canarias (1486-1837
Mojones en Altos del Coronadero, observese laja hincada en uno de ellos. En el fondo una de las últimas sabinas de Amurga.
El texto hace referencia a los “mojoenes”, a que los mismos delimitaban una “santidad” donde los canarios se refugiaban con los ganados en tiempos de guerra, estableciéndose en estos lugares el “derecho de asilo”.


Aunque no podemos afirmar que el texto se refiera a los mojones de Amurga, queremos recordar que toda esta comarca, aunque no se incluyó con posterioridad en el territorio del señorío, era explotada por los pastores de Agüimes y los vecinos de la comarca se consideraban de Agüimes, donde eran bautizados y enterrados hasta principios del s XX.

De cualquier manera, en el texto se afirma que la función de este tipo de mojones para los canarios, era la de delimitación de los santuarios. Por otro lado el término “mojones” nos ha llegado desde los antiguos pastores hasta nosotros




Mojón en los Altos de Amurga.

Sebastián Jiménez Sánchez (1966) define a los mojones como torretas troncocónicas, “son un conjunto de piedras, por lo general lajas, maravillosamente dispuestas en ensamblamiento. Dichas construcciones denotan idealización y alto espíritu estético”. Para Jiménez tienen un carácter eminentemente cultual: “son tronos y soportes de las almas de los héroes, de los antepasados y de los jerarcas de los poblados cantorales pastoriles. En ellas tuvieron efecto ceremonias sacrales de carácter astral.” (Exponentes megaliticos cultuales de los canarios aborígenes).
En un principio Jiménez pensaba que los mojones eran el coronamiento de un túmulo funerario, opinión que desechó después de hacer varias catas con resultado negativo.


Es posible que existieran mas mojones que hubieran sido destruidos o desaparecido por roturaciones del terreno (como así ha pasado en Mogán) y el territorio delimitado hubiera sido mayor. En el texto del pleito se indica que había otros santuarios, señalizados de la misma forma. Nosotros solo conocemos aparte de los de Amurga, los de Mogán, la mayoría en Tauro con este tipo de construcciones, que para Jiménez eran estructuras “arquitecturales por lo cuidadas”, que no se debían confundir con otros amontonamientos de piedras, que provenían de la época aborigen
En realidad Jiménez solo hace referencia a los mojones que están en Tauro, al suroeste de la isla y no nombra a los de Amurga: “Las hemos encontrado en los yacimientos arqueológicos de “Los Castilletes” de Tabaibales de Veneguera, “Llanos de Gamona”, “Ladera del Lomo de los Gatos”, “Montaña Redonda” y en “Lomo de los Ritos, en Tauro Alto”, dentro del término de Mogán, y en “Lomo de San José”, en la localidad de Arguineguín, en el municipio de San Bartolomé de Tirajana Como comentamos anteriormente, que sepamos, los mojones solo se encuentran en Amurga y en Mogán, aunque en la carta municipal de SBT hay otros tres, uno en Arteara, otro cercano al actual Tunte y el último suponemos que es el que Jiménez localiza en “Lomo San José” cercano al Pajar. En la zona sureste, Amurga, se orientan al sol naciente y en la zona suroeste, Tauro, se orientan al poniente.


Jiménez continua afirmando que las torretas “…le recuerdan a los montones de piedras de simbolismo sagrado localizadas en la isla de La Palma y a los de los antiguos bereberes, con los cuales se identifican. Construcciones de este tipo, que nos hace pensar en crecientes lunares y, por lo tanto en un culto astral, las hemos localizado también en la isla de Fuerteventura orientados al sol naciente.


_________________
Comunicar es compartir

Sombras del Nublo

Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado Enviar email
roquenublo
zörg supremu
zörg supremu


Registrado: Mar 06, 2010
Mensajes: 6923
Ubicación: las palmas de gran canaria

MensajePublicado: Fri Jul 01, 2011 6:00 pm    Asunto: Responder citando

RECUPEREMOS NUESTRAS SALINAS




Con motivo de la rehabilitación de las Salinas de Tenefé (en el año 2007) y puesta en marcha su centro de interpretación por parte del Ayuntamiento de Santa Lucía, a continuación expongo un poco de historia para la reflexión.

Las salinas de Tenefé fueron construidas a finales del XVIII, al mismo tiempo que las del Matorral, debido a la gran demanda de sal que en esa época había para abastecer a los barcos pesqueros que se dirigían a la costa de África. Las salinas de Castillo del Romeral, en esas fechas aportaban el 80-90% de la sal utilizada por la totalidad de los pesqueros. Eran las más importantes de las islas, motivo por el cual, la zona era transitada por todos los barcos que se dedicaban a esta pesquería.

En 1800 se dedicaban a esta pesca unos 20-25 pesqueros, de los que la mayoría tenían su base en Las Palmas. La ruta que seguían, partía de Las Palmas, dirigiéndose al Castillo, aprovechando el alisio, para cargar la sal, y de aquí seguían para la costa africana en una amplia zona desde Cabo Bojador, al sur de El Aaiún, hasta Cabo Blanco, en la frontera entre Mauritania y Sahara, con las ciudades de La Güera y Port Etienne la actual Nouadhibou, desde donde hoy día vienen los cayucos. Allí pescaban durante tres o cuatro días, tiempo en el que llenaban las bodegas debido a la gran cantidad de pesca y regresaban, tardando en cada viaje entre 20 y 30 días. A su regreso, volvían a pasar de nuevo por Las Salinas al quedar estas en su ruta y había una tradición en el Castillo, por la cual si volvía un vecino del pueblo en el barco, este ponía una bandera para que sus familiares supieran que regresaba


Casa de la Sal - Salinas Abajo


Las Salinas fueron desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XX el lugar más comunicado del Sur debido al continuo tránsito de los pesqueros, que cuando cargaban la sal permanecían uno o dos días en la zona. Este hecho, a su vez fue causa de numerosos ataques piráticos, lo que conllevó la construcción de la fortaleza de Santa Cruz del Romeral a finales del siglo XVII. Las incursiones piráticas dejaron su rastro en los pecios y cañones, que aún hoy vemos en sus fondos. En la Casa de la Cultura de Castillo del Romeral se encuentra expuesto un falcón pedrero, del siglo XVI, correspondiente a un pecio hundido, cerca de las salinas. Suponemos que es uno de los objetos más antiguos, salvando los restos y utensilios aborígenes, de los que tenemos noticias en el Sur. A su vez hay una zona de Las Salinas, conocida como el Balache de los Muertos, donde se han encontrado restos humanos, con cráneos agujereados por proyectiles, los cuales creemos pertenecientes a piratas, herejes como eran conocidos en la época, los cuales eran enterrados en la misma zona, por no ser traslados al cementerio de Agüimes.

Las primeras salinas se construyeron en 1537, solamente 50 años después de la conquista, en la zona conocida por La Tabaibita, al sur de Juncalillo. En 1590, cuando Torriani, hace la inspección e informe sobre las defensas militares de la isla, ya es conocida la zona como Las Salinas, situada entre Pozo del Lentisco y Punta de Tenefent (Tenefé).


Sal que "cuaja" de forma natural en Salinas de Abajo.


Hoy día paradójicamente las únicas que se han salvado en la zona son estas salinas, las más antiguas, conocidas por “Las de Abajo”, pues todas las demás han desaparecido. Ya no volveremos a ver las de Barco Quebrado, las de Chanito, las de Las Casillas, Las viejas, las de La Casa de En medio, las de La Mejora, las de La Caleta, y las últimas que fueron construidas en el siglo XX, las de Jardín. Todas ellas desaparecidas por la falta de visión de nuestras autoridades y por la especulación. La desaparición de las salinas junto con la profesión de salinero supuso una perdida importante de nuestro patrimonio cultural y etnográfico.

Las salinas con una antigüedad de 470 años, desaparecieron en menos de 30 años. Nuestros antepasados desarrollaron la actividad salinera, tan importante para los antiguos canarios, que tenían en el pescado salado, una parte fundamental de su alimentación, y en la que durante siglos se utilizo el “conduto” (pescado salado), como salario en especie en diferentes profesiones de las islas. Estuvieron funcionando de la misma manera y prácticamente sin transformación en las formas de trabajo, desde que se establecieron en 1537 hasta principios de los años 60, y fueron la más importante industria de Canarias, razón de la fundación de Castillo del Romeral y el lugar más destacado del sur durante siglos.

En un municipio turístico como el nuestro, y con la actual crisis que padece, se hace necesario poner en valor nuestro patrimonio y ser identificados no solamente por el sol y playa, sino también, por la rica y abundante historia que atesora, prácticamente desconocida por sus vecinos. Felicitar al Ayuntamiento de Santa Lucía por haber salvado sus salinas y emplazar a nuestro Ayuntamiento a intentar salvar las que quedan, darlas a conocer a nuestros vecinos y sacarles rentabilidad turística

_________________
Comunicar es compartir

Sombras del Nublo

Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado Enviar email
roquenublo
zörg supremu
zörg supremu


Registrado: Mar 06, 2010
Mensajes: 6923
Ubicación: las palmas de gran canaria

MensajePublicado: Fri Jul 01, 2011 6:35 pm    Asunto: Responder citando

La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por el modo en el que trata a sus animales

Mahatma Gandhi






El pino canario

El pino canario (Pinus canariensis) es el árbol más abundante de nuestro archipiélago. Más de la mitad de todos los árboles que actualmente crecen en las islas, tanto nativos como introducidos, pertenecen a esta especie endémica de Canarias. Hay grandes bosques de pino canario en las cumbres de Tenerife, La Palma, El Hierro y Gran Canaria. En La Gomera su presencia es puntual, y los ejemplares que crecen en Lanzarote y Fuerteventura son todos cultivados. Los pinares, incluyendo los de repoblación, cubren actualmente unas 70.000 hectáreas, casi el 60 % de toda la superficie forestal de Canarias (120.000 hectáreas)1.
Es una especie de origen muy antiguo, de la que se han encontrado fósiles en yacimientos del Terciario de la cuenca mediterránea2. desde España hasta Turquía3. Probablemente fue una de las primeras plantas que colonizaron el archipiélago canario. Sus ancestros continentales se extinguieron a finales del Mioceno, hace más de cinco millones de años, debido a los drásticos cambios climáticos acaecidos en ese período geológico. En Canarias, sin embargo, logró sobrevivir hasta la actualidad, gracias a la variada topografía y a la estabilidad climática de nuestras islas. Después de millones de años de aislamiento, el pino canario ha vuelto a ampliar sus horizontes. Hoy en día se cultiva como especie ornamental en muchos países de todo el mundo. En algunos se emplea en repoblaciones forestales y para la producción de madera, sobre todo en Italia, Marruecos, Israel, Sudáfrica, Australia y Estados Unidos4. Hace más de medio siglo se introdujo en Sudáfrica y Australia con tanto éxito que al cabo de unos años ya se había asilvestrado5. Actualmente está en plena expansión natural por algunas regiones semiáridas de esos países del hemisferio Sur, seguramente porque allí ha encontrado las condiciones ideales para su desarrollo. Como prevención, las autoridades forestales sudafricanas y australianas lo han incluido en sus respectivos catálogos de
plantas invasoras y agresivas, a las que es necesario controlar6. En Hawai también se ha asilvestrado, pero todavía no constituye una amenaza para la flora nativa de ese archipiélago volcánico aunque ya aparece en la lista oficial de especies consideradas potencialmente peligrosas por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos7

Aspectos generales
Como la mayoría de las coníferas, el pino canario posee un extraordinario sistema radicular, con una raíz principal pivotante muy robusta y otras secundarias que se extienden vigorosamente en diferentes direcciones en busca de agua y nutrientes. Ellas lo sujetan con firmeza al sustrato y permiten su desarrollo en todo tipo de suelos, incluyendo los malpaíses de origen volcánico reciente.

Los pinos jóvenes crecen con rapidez, y en pocas décadas alcanzan 10 o más metros de altura, adquiriendo un porte piramidal. A medida que pasan los años, la corteza del tronco se hace más gruesa, superponiéndose una capa tras otra, a la vez que se cuartea en placas regulares de tonalidades grisáceas y rojizas. Gracias a esa corteza laminada, de hasta 8 cm de grosor, los pinos adultos son capaces de resistir incendios forestales moderados, volviendo a rebrotar incluso cuando han perdido todas sus hojas y ramasSus hojas o acículas son finas y largas, de hasta 30 cm, y están unidas de tres en tres por la base, formando grandes manojos en el extremo de las ramas más jóvenes. Es un árbol monoico, con las flores masculinas y las femeninas situadas en el mismo ejemplar. En primavera, las flores masculinas expulsan a la atmósfera grandes cantidades de un polvo amarillo, el polen, al que son alérgicas muchas personas. Las inflorescencias femeninas son piñas de color verde cuando jóvenes, tornándose marrones con el paso del tiempo. Una vez fecundadas por el polen, tardan unos dos años en madurar. Cuando se completa su desarrollo, las piñas se abren y dejan libres los piñones (semillas), cada uno de los cuales está provisto de un apéndice alar que le sirve para ser transportado a grandes distancias por el viento.

Los pinos adultos pueden alcanzar los 30 m de altura, aunque algunos superan los 50 m. Los ejemplares viejos, muchos de ellos varias veces centenarios, presentan formas caprichosas, cada uno según su propia historia. Su copa suele ser aparasolada, ya que el tronco apenas crece en altura cuando sobrepasa el centenar de años, pero no así las ramas, que siguen creciendo por los lados.

La madera del pino canario muestra un marcado contraste entre la albura, o parte exterior, y el duramen, o parte interior. La primera es blanda y de color blanco-amarillento; la interior, llamada tea, es muy resinosa y de color rojo acaramelado. La tea es prácticamente incorruptible, y siempre ha sido muy apreciada en construcción, tanto de interiores (vigas, techumbre, escaleras, suelos) como de exteriores (canales de agua, balcones, contraventanas, terrazas). Los pinos de las zonas altas, secas y frías, presentan mayor volumen de tea que los de las zonas inferiores, más cálidas y húmedas. Antaño las cumbres isleñas estaban pobladas por pinos gigantescos, pero casi todos fueron talados a raíz de la conquista, precisamente por las magníficas cualidades de la tea. Es fama que con la madera de un solo pino se cubrió la primitiva iglesia de Los Remedios, la actual catedral de La Laguna, de 20 m de largo por 12 m de ancho, y con la de otro se fabricó toda la celda provincial del convento de San Francisco, en La Orotava8.

Historia botánica
La información más antigua conocida sobre el pino canario se remonta al siglo I d.C., y se debe al naturalista romano Plinio El Viejo9. En su relato sobre la famosa expedición enviada por Juba II a las legendarias “Islas Afortunadas”, Plinio menciona la abundancia de piñones de pino (nuce pinea abundare) en la isla que él llama “Canaria”, un dato muy interesante para futuras expediciones, ya que se trataba de un alimento natural disponible en grandes cantidades. Pero al desaparecer el Imperio Romano Occidental en el siglo V d.C., las Canarias cayeron en el olvido, y apenas se supo de ellas hasta que se redescubrieron un milenio más tarde.

partir del siglo XV, las noticias sobre Canarias y sus pinos son mucho más precisas. Según Le Canarien10. la crónica de la conquista normanda de principios de ese siglo, las montañas de las islas más altas estaban cubiertas por grandes bosques de pino, algunos “tan gruesos y altos que maravilla”. En 1464, mucho antes de que Tenerife fuese conquistada, Diego de Herrera, Señor de Lanzarote y Fuerteventura, estableció un pacto con los menceyes guanches que le permitió sacar madera y pez de los pinares que, por aquel entonces, se extendían por el Sur hasta los alrededores del actual casco urbano de Santa Cruz11. Según la tradición, algunas antiguas construcciones de las islas orientales aún conservan en su estructura tablones de tea procedentes de pinos tinerfeños de aquella época. La pez o brea era una mezcla de resina y cenizas que se obtenía quemando troncos de pino tea en unos hornos de piedra construidos en medio de los pinares. Esta especie de alquitrán, que en Europa se extraía de otras coníferas, se había utilizado desde tiempos remotos en el calafateo de embarcaciones de madera, esto es, para impermeabilizar el casco y sellar las junturas del armazón. Fue un producto imprescindible en la navegación hasta bien entrado el siglo XIX, cuando comenzó la fabricación en serie de barcos de casco metálico. En Canarias, la explotación de la pez fue una de las principales causas de la destrucción de los pinares naturales. Refiriéndose a La Palma, el portugués Gaspar Frutuoso12 escribía a finales del siglo XVI que un horno podía producir hasta 100 quintales de pez, “y a veces arden cinco o seis hornos juntos”. El rendimiento de estos hornos, algunos de los cuales aún se conservan en buen estado, era muy bajo, ya que apenas llegaba al 10 %. Para obtener un kilo de pez era necesario quemar más de 10 kilos de tea. Se estima que, sólo en Tenerife, la producción de pez entre los siglos XVI y XVIII rondaba los 30.000 quintales al año, lo que significa que unas 150.000 toneladas de tea desaparecían anualmente13. Sin duda, fue un gran negocio para algunos, pero un auténtico desastre para los pinares canarios.


Como se comentó anteriormente, los pinos de las cumbres tienen más tea que los que crecen en las regiones inferiores. Sin embargo, muchos ejemplares de las zonas bajas son ricos en resina y, por el contrario, otros de zonas altas apenas la producen. Esto se debe, entre otras razones, a las condiciones microclimáticas propias de cada lugar, algo que parece lógico dada la variada topografía isleña y que, además, se ha comprobado científicamente14. Como esa diferencia era importante, sobre todo para los comerciantes de tea y para los pegueros, personas dedicadas al negocio de la pez, durante mucho tiempo se creyó que en Canarias existían dos especies diferentes de pino. Uno se conocía como “pino manso”, y era esbelto, de porte piramidal y madera blanda; el otro, llamado “pino tea”, era más bien rechoncho, de porte aparasolado y madera resinosa. El porte, en realidad, apenas servía para distinguirlos, y los leñadores necesitaban “catarlos”, esto es, darles unos cuantos hachazos en el tronco para comprobar si tenían suficiente tea y valía la pena talarlos
Hasta bien entrado el siglo XIX, esa opinión fue compartida por casi todos los botánicos europeos que visitaron las islas. Algunos pensaron que pertenecían a especies ya conocidas, como el pino negral (Pinus nigra), el silvestre (Pinus sylvestris), el marítimo (Pinus pinaster) o el carrasco (Pinus halepensis)15. Alexander von Humboldt, sin embargo, observó que los pinos canarios eran bastante peculiares. El sabio alemán consultó sus dudas con De Candolle, uno de los grandes botánicos de la época, quien le confirmó que nuestro pino no tenía nada que ver con las especies citadas hasta entonces16. Por otro lado, Humboldt había recomendado al geólogo alemán Leopold von Buch que visitara las Canarias, lo que hizo en 1815 en compañía del botánico noruego Christen Smith. Y fue precisamente Smith quien describió por primera vez el pino canario como nueva especie para la ciencia, dándole la denominación de Pinus canariensis. Ya había fallecido cuando su descripción fue publicada en marzo de 182517. De Candolle, que seguramente tuvo en cuenta la información facilitada por Humboldt, publicó en junio de ese mismo año un artículo donde también daba a conocer el nuevo pino, al que bautizó con idéntico nombre científico18. En realidad, no hubo ningún plagio y ambos botánicos llegaron por diferentes caminos a la misma conclusión. Como las normas del Código Internacional de Taxonomía Vegetal establecen que tiene preferencia la primera descripción publicada, actualmente se le atribuye a Christien Smith la “paternidad” del nombre científico del pino canario.

Pero la duda sobre la existencia en Canarias de dos especies diferentes de pino no quedó zanjada, y el propio Smith incluso planteó esa posibilidad. En cualquier caso, hoy en día se considera que se trata de una sola especie, pero muy variable. Un estudio reciente sugiere que existen hasta cinco tipos diferentes de pino canario según la morfología de las piñas, una de las características taxonómicas básicas para identificar las distintas especies del género Pinus19. Esa variabilidad también está avalada por las modernas investigaciones en genética molecular, que han aportado datos muy interesantes. Por ejemplo, indican que la diversidad genética entre pinos de una misma isla es del 19 %, pero entre diferentes islas es casi nula20. Se ha comprobado que la mayor diversidad genética se encuentra en los pinares del sur de Gran Canaria; sin embargo, las poblaciones puntuales de Garabato, en Vallehermoso (La Gomera), y las del Roque de los Pinos, en Anaga (Tenerife), son prácticamente idénticas desde el punto de vista genético21. Los estudios a nivel molecular también sugieren que los diferentes tipos actuales de pino canario proceden de un solo ancestro continental, y su variabilidad genética debe atribuirse a la historia geológica propia de cada isla, plagada de erupciones volcánicas de enormes proporciones que, durante mucho tiempo, aislaron unas poblaciones de otras

Morfológicamente, el pino que más re-cuerda al canario es el pino chir (Pinus roxburghii), que se distribuye por las regiones occidentales del Himalaya. Su porte es muy parecido y sus largas acículas también se agrupan de tres en tres, una característica que no presenta ningún otro pino del Viejo Mundo. Hasta hace poco se creía que ambas especies procedían de un ancestro común de amplia distribución euroasiática, que habría desaparecido durante los grandes cambios climáticos a finales del Mioceno22. Sin embargo, los estudios genéticos indican que el pino canario está más emparentado con los actuales pinos mediterráneos (P. halepensis, P. pinea, P. pinaster y P. brutia) que con el pino del Himalaya23. Éste, curiosamente, parece estar más relacionado con los pinos americanos24. Como los resultados de estas investigaciones aún no son concluyentes, el pino canario y el chir se han incluido provisionalmente en el mismo grupo que los pinos mediterráneos (Pinaster)25
El pino canario en la cultura popular
Es evidente la importancia que tienen los pinares en la conservación del medio natural canario: constituyen las masas forestales más grandes de las islas, condensan el agua de las nubes, retienen el suelo, producen oxígeno, limpian el aire, y dan cobijo y alimento a muchas plantas y animales. Además, es un placer caminar entre árboles “tan gruesos y altos que maravilla”, y muy bueno para la salud física y mental.

De una forma u otra, el pino siempre ha estado presente en la vida cotidiana de los canarios. Antaño les proporcionó leña para cocinar y calentarse, madera para construir casas, iglesias, barcos, muebles, cajas, lagares, canales de agua, carretas, aperos de labranza y muchas más cosas. Con sus palos fabricaron lanzas para defenderse y andar por riscos y barrancos, se alumbraron con haces de tea, curaron algunas enfermedades con su resina, y con la pinocha rellenaron colchones, hicieron estiércol y protegieron las manillas de plátanos para que llegaran en perfectas condiciones a su destino. Antes de la conquista, los antiguos canarios se alimentaron con sus piñones26. y utilizaron la resina, entre otros productos, para momificar a los muertos27. En lengua bereber, la palabra tayda significa pino28. y es posible que algunos topónimos aborígenes, como Teide y Taiga, en Tenerife, o Taidía, en Gran Canaria, hagan referencia a estos árboles.


La importancia del pino canario ha quedado reflejada en numerosas tradiciones históricas, culturales y religiosas. Muchos topónimos están relacionados con el pino y sus productos29. El Pinar, Pinoleris, Pinomocho, Pino Santo, Charco del Pino, Pino de la Virgen, Pinos Altos, Pinos Dulces, Cruz de Tea, Llanos de la Pez, etc. Algunos pinos centenarios son históricos, como el de La Campana, en La Victoria de Acentejo, donde se celebró una misa tras la derrota de los guanches; otros son conocidos por su extraordinario tamaño, como el Pino Gordo de Vilaflor; otros, en fin, deben su fama a cuestiones religiosas, como el Pino Santo de Teror, en cuya copa apareció la imagen de la Virgen del Pino.

_________________
Comunicar es compartir

Sombras del Nublo

Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado Enviar email
roquenublo
zörg supremu
zörg supremu


Registrado: Mar 06, 2010
Mensajes: 6923
Ubicación: las palmas de gran canaria

MensajePublicado: Fri Jul 01, 2011 7:12 pm    Asunto: Responder citando



Eric Ragnar Sventenius

(1910-2010),

primer centenario

Arnoldo Santos Guerra

Biólogo. Unidad de Botánica del Instituto Canario de Investigaciones Agrarias


Agustín, el ayudante de Masca, se quitó su camisa empapada y allí, con las últimas luces del día, en la lóbrega cueva colgada en los riscos de Guelge donde encontraron refugio de la tormenta que los sorprendió recolectando plantas raras, buscó dos palos –taimaste y tabaiba–, y ante la atónita mirada del rubio nórdico Eric Ragnar Sventenius inició los rápidos movimientos con los que consiguió encender fuego, cual guanche, y calentar la oquedad –viejo cementerio aborigen– donde pasaron la noche después de avisar de su imprevista pernoctada a algunos de los pocos habitantes del matriarcal pueblo de Masca. Así me lo narraba el peculiar y entrañable Eric, don Enrique para la sociedad, en una de esas hermosas e inolvidables tardes en que lo visitaba en su vivienda –su tusculum–, hoy desaparecida, construida para él en los años 50 del pasado siglo y ubicada dentro del recinto histórico del Jardín de Aclimatación de La Orotava, donde estableció su residencia después de deambular por varios hoteles históricos, aún existentes, del viejo Puerto de la Cruz: Marquesa, Monopol, Miramar... tras su llegada a Tenerife. Allí, en las reducidas habitaciones de su hogar, oliendo a libros, junto a la chimenea que lucía el escudo de los Ingenieros Agrónomos (único resto que se conserva de la misma) y saboreando una copa de coñac enviada por sus amigos franceses –posiblemente el botánico y empresario del Jardín des Cedres francés, J. Marnier Lapostolle (1902-1976)–, pasaba horas inolvidables impregnándome de sus conocimientos y vivencias cuando aún era estudiante de botánica en la recién creada Sección (luego Facultad) de Ciencias Biológicas en la Universidad de La Laguna (ULL) e iniciaba ya el hallazgo de interesantes especies vegetales que le hicieron exclamar con su voz peculiar: “usted ha encontrado cosas muy interesantes”. Me hablaba de su querida Masca, que poco después visitaría con él y D. Bramwell, junto a los ya fallecidos C. Humphries y Hans Metlesics, aún sin carretera, donde vivían los padres de Agustín, Leonila y Leonardo, cuya casa le servía de hogar en su peregrinar a tan interesante lugar convertido en su paraíso particular; y me expresaba sus opiniones sobre el turismo del Puerto de la Cruz, las islas y, sobre todo, la flora canaria.




Sventenius, como en los círculos más científicos lo recordamos, había llegado a Tenerife a fines de 1943, impregnado aún del incienso y los cánticos gregorianos del monasterio de Montserrat, donde, junto a la moreneta, había pasado los últimos y difíciles años (1940-1943) posteriores a la guerra civil española. Era la última etapa de su peregrinaje por tierras europeas antes de que el famoso y culto abogado catalán Noel Clarasó (según documentación de los archivos del Jardín Canario “Viera y Clavijo” facilitados por B. Navarro) gestionara, por medio del ingeniero agrónomo D. A. García Cabezón, un contrato con el Instituto de Investigaciones Agronómicas (posteriormente Investigaciones Agrarias-INIA) de Madrid a fin de trasladarse a Tenerife, concretamente al Jardín Botánico, para iniciar una serie de trabajos científicos sobre el Jardín de Aclimatación de La Orotava y la interesante y aún poco conocida flora canaria. Atrás quedarían, en Cataluña sus inolvidables recuerdos y muchos queridos amigos, entre los que hay que destacar a la pintora María Teresa Bedós, a la que le unía una relación afectiva muy especial, y su esposo Antonio Núñez, que recientemente habían apadrinado su bautizo como católico y con los cuales siempre manifestó una peculiar y extraordinaria relación, expresada desde el archipiélago en un buen número de cartas firmadas, en su mayoría, con el pseudónimo Parsifal. Después de sus estudios primarios realizados con muy buenas calificaciones (según Ulf Swenson y colaboradores) y otras etapas de formación en Suecia, Alemania y el Jardín Experimental de Aclimatación de Praga de acuerdo a sus propias declaraciones a la prensa, llegó al
jardín Marimurtra de Blanes (Gerona) por deseo de su propietario Karl Faust, que necesitaba un botánico para su dirección científica. Sventenius se incorporó a dicho jardín en 1934 y estuvo ligado al mismo, por contrato remunerado, hasta 1940, teniendo ocasión de colaborar y conocer al arquitecto paisajista suizo, de fama internacional, Zenon Shreiber y al jardinero paisajista alemán G. Naberhaus. Durante este tiempo realizó una excursión a Marruecos en 1935 y tuvo que soportar momentos difíciles por la deficiente labor de los encargados de mantener el jardín y por sus envidias y celos, así como por los problemas derivados de la guerra civil, en la que se vio directamente implicado en diversas facetas, terminando finalmente en un desacuerdo con el propio Faust, fruto, en parte, de su peculiares caracteres, con lo cual acabó su relación directa con el mencionado jardín, pintorescamente colgado sobre los acantilados de la Costa Brava, aunque siguió colaborando posteriormente desde Canarias en el enriquecimiento de sus colecciones. Acogido por sus amigos Teresa y Antonio, se trasladó poco después al monasterio de Montserrat.

Nuestro botánico Sventenius había nacido el 10 de octubre de 1910, hace 100 años, en un pequeño pueblo de la fría y distante Suecia, segundo hijo de los cuatro que tuvieron Alfred Svensson y Maria Carlesen, modesta familia del pueblo de Skyrö (condado de Smaland) con la cual, debido a la distancia, penurias económicas que siempre le acompañaron por el bajísimo sueldo que percibía, otras razones personales para mí desconocidas, así como las dificultades para viajar en esos tiempos, nunca pudo tener demasiadas relaciones. Conocemos estos datos por el relato de otros personajes que le conocieron más a fondo, en particular su muy apreciado y entrañable amigo Jaime O’Shanahan, de quien, al igual que el ingeniero de montes D. Juan Nogales, recibió siempre un apoyo incondicional fundamental para el desarrollo de su gran obra, el Jardín Canario “Viera y Clavijo”, patrocinado por el Cabildo de Gran Canaria, o el profesor W. Wildpret, con quien tuvo una amistad y trato cordial, el cual conserva una biografía inédita de nuestro personaje con algunos de los pormenores de su vida, algunos detalles de su formación botánica en Alemania, su paso por Suiza y Checoslovaquia (Praga), su colaboración con la Cruz Roja o su etapa en Cataluña.


En el maravilloso convento benedictino de Montserrat disfrutó de la amistad de su abad, Aurelio M. Escarré –a quien le dedicó una “magarsa” de Gran Canaria (Argyranthemum escarrei)– y de algunos monjes-botánicos, en particular su querido amigo el padre Adeodato F. Marcet, varios años mayor que él, a quien posteriormente honró, como “amigo mío carísimo”, con el bello género Marcetella, pariente del género Bencomia (familia Rosáceas). Junto a él empezó a herborizar y estudiar la flora del fabuloso macizo montañoso donde se halla enclavado el monasterio. Su idea era publicar una Flora Montserratina, parte de la cual vio la luz en algunos cuadernillos. Su larga estancia en el monasterio no podía prolongarse por más tiempo después de varios años allí, compartidos entre el recinto conventual, sus herborizaciones y los ratos con sus amistades, no sólo con sus entrañables amigos mencionados sino con otros importantes personajes de la floricultura catalana, poseedores de interesantes colecciones, como fueron D. Fernando Riviere de Caralt, dueño y alma mater del jardín, por mucho tiempo prestigioso, Pinya de Rosa, situado también junto a la Costa Brava gerundense, o el botánico, técnico de jardinería en el Ayuntamiento de Barcelona, Juan Pañella. Con ambos mantuvo correspondencia frecuente

La búsqueda de un nuevo puesto de trabajo no se hizo esperar, y finalmente fueron las gestiones realizadas desde el monasterio y con la ayuda del abogado Noel Clarasó, como antes anunciábamos, las que consiguieron su penúltimo trabajo en un lugar algo más alejado, pero que dejó a Sventenius prendado para siempre de Canarias en un momento en que las islas aún arrastraban las incomodidades y la pobreza, tiempo de emigrantes, secuelas de la guerra civil y diversas penurias antes del boom turístico.

Sventenius llegó, según la correspondencia mantenida con el padre A.F. Marcet, al puerto de Santa Cruz de Tenerife el 2 de agosto de 1943, y sus primeros pasos le llevaron, aún henchido de fervor religioso montserratino, a una vieja iglesia próxima, probablemente la de la Concepción, donde rezó piadosamente para dirigirse posteriormente al Puerto de La Cruz, en cuyo entorno estaría su puesto de trabajo y residencia a lo largo de los 28 años siguientes (1943-1971). Allí, en el viejo e histórico puerto que aún conservaba gran parte del rico patrimonio arquitectónico que nunca debió perder, forjó su nueva vida auxiliado por el entonces famoso padre Flores, y allí se rodeó de un reducido pero selecto grupo de amigos, en particular la querida familia del doctor D. Celestino González, con quien muy pronto inició excursiones botánico-zoológicas por diversos rincones de la isla, su amigo el naturalista Manuel González, tío de D. Celestino, a cuyo nombre alude la descripción de la hierba pajonera Descurainia gonzalezii, sin descartar algunos de los más eminentes hombres de la ciencia y la cultura de la época, en particular el recordado geólogo D. Telesforo Bravo y el no menos peculiar e interesante “padre de la arqueología canaria” D. Luis Diego Cuscoy. Pero no fueron ellos los únicos con quienes contó en Tenerife: para apoyarse en sus investigaciones, sin llegar a desarrollar una gran amistad, se relacionó con personajes tales como el profesor Max Steffen o el también docente de la Universidad de La Laguna J. Maynar, a quien le dedicó uno de los nuevos híbridos de cerrajas (Sonchus x maynari) hallados por él en su querido barranco de Masca, o el simpático y entrañable entomólogo D. José María Fernández López, con quien llegó a cartearse para intentar conocer algunos insectos específicos de algunas plantas o responder a las demandas botánicas del mismo. A varios de ellos tuve el placer de conocerlos, recibir sus enseñanzas o mantener una pequeña amistad. Es precisamente en una de las cartas a José M. Fernández donde deja patente su genio nórdico, que a veces afloraba tempestuosamente, al enfadarse porque un famoso entomólogo le iba a dedicar una especie de coleóptero nuevo, descubierto por él en Gran Canaria, con el epíteto “svensonii”, cosa que el no podía aceptar y daba por inválido ya que él se firmaba siempre Sventenius y éste debía ser el apellido utilizable para dedicarle la especie, actualmente conocida como Cyphonocleonus sventeniusii. El cambio de apellido de Svensson a Sventenius lo había decidido durante su estancia en Cataluña, aunque en su primer contrato con el Instituto de Investigaciones Agronómicas, fechado en Madrid a 28 de julio de 1943, su nombre aparece como Eric R. Svensson.




Muy pronto, a los pocos días de instalarse en un hotel del Puerto de La Cruz, probablemente el Marquesa, Eric inició sus pesquisas botánicas. Tenía ante sí un nuevo mundo que recorrer y descubrir a pesar de toda la información generada por numerosos investigadores a lo largo de varios siglos, desde que a finales del XVII el inglés James Cuninghame herborizara en las cercanías de Santa Cruz de La Palma y hasta sus inmediatos predecesores en los siglos XIX y XX, tales como Bory de Saint-Vincent, L. von Buch y C. Smith, P.B. Webb y S. Berthelot, R.T. Lowe, C. Bolle, H. Christ, J. Bornmüeller, R.P. Murray, O. Burchard, J. Pitard y L. Proust, D. Bannerman, o R.L. Praeger entre otros, pasando por los aún más lejanos botánicos del siglo XVIII como L. Feuillée, pionero en el dibujo al natural de las plantas canarias, A.-P.Ledru, A. von Humboldt y A. Bonpland o P.M.A. Broussonet. Sus primeros pasos en la investigación botánica, al igual que ocurrió con algunos de estos precursores que se instalaron en el Puerto, se dirigieron a los barrancos y laderas próximas a esta ciudad: Martiánez, barranco de La Arena y los caminos que ascendían hacia las cumbres orotavenses

Los ocultos rincones de las islas, que empezó a recorrer en 1944 (6 a 14 de julio) y terminó en La Palma (junio de 1971), esperaban impacientes su visita y Eric no se sintió defraudado cuando los investigó. Poco a poco, sus “hijas”, las nuevas especies que descubría para la ciencia, fueron mostrándose en su camino sumando, año tras año, más de un centenar, y quedando pendientes otras que, debido a su temprana e inesperada muerte, nunca llegó a publicar. Desde sus primeros artículos describiendo especies nuevas en el año 1946 hasta su obra más completa, el Additamentum ad Floram Canariense de 1960, así como en otras pequeñas obras posteriores, Sventenius pudo ver realizado parte de su ambicioso proyecto, pero el verdadero sueño estaba bullendo en su cabeza muy tempranamente, desde que tomó conciencia del interés y riqueza de la flora macaronésica, la de los cinco archipiélagos atlánticos que él quería ver reunidos en un solo y pequeño “paraíso”, su “hijo”. Así surgió la idea, a inicios de los años 50 del pasado siglo, de establecer el jardín macaronésico o Estación Atlántica, como él mismo la llamaba, en las laderas de Martiánez, junto al Puerto de La Cruz, donde lamentablemente para la ciudad turística la idea-proyecto no fue apoyada con el suficiente ímpetu por las fuerzas políticas (municipio y cabildo) del momento, aunque algunos terrenos fueron adquiridos posteriormente para ello y su idea defendida y apoyada ante el cabildo insular por su buen amigo y colaborador D. Telesforo Bravo.

Sin embargo, afortunadamente para Canarias, su proyecto arraigó rápidamente en otro lugar no muy lejano. Su iniciativa fue conocida y apoyada desde el cabildo grancanario, ofreciéndose para que él buscara el lugar que considerara idóneo para establecer y desarrollar dicho jardín... y el lugar apareció: un bello rincón en el barranco de Guiniguada, a pocos kilómetros de la capital. Allí inició, bajo los auspicios de dicha institución y su presidente D. Matías Vega, compartiendo tiempo con su puesto oficial en Tenerife, los trabajos para su construcción desde los años cincuenta, contando siempre con el apoyo de su apreciado amigo Jaime O’Shanahan y posteriormente D. Fernando Navarro Valle y D. José (Pepito) Alonso, Ingeniero Agrícola y encargado del Jardín Canario, respectivamente. Innumerables anécdotas jalonan la historia de su construcción, que, lamentablemente, Sventenius sólo pudo ver terminada en parte al ser atropellado trágicamente, frente a la entrada superior del recinto, una misteriosa tarde-noche víspera de San Juan, rodeada de leyendas que posiblemente nadie podrá ya desvelar y que se relacionaban con sus sentimientos más íntimos. Ocurrió unas horas antes de iniciarse la noche mágica, el 23 de junio de 1973, cuando regresaba de un prolongado almuerzo con su amiga Lotti Kercher, hija del dueño de un antiguo, pequeño y encantador hotelito (el Lentiscal) en Tafira Alta, donde a veces se alojaba, que había sido un apoyo incondicional para Eric en sus últimos años, esperando que algún día decidiera contraer matrimonio con ella, cosa que según la propia Lotti ocurrió esa tarde, en el mismo lugar que había sido el hotel de su padre. El destino no lo quiso así. Precisamente para su joya amada, el bello jardín, pleno de rincones amenos, de diseño cuidadoso y meditado, minuciosamente seleccionados por el ya consagrado botánico, Eric había dejado separadas en las cumbres palmeras, durante su última excursión a la isla, a la que tuve el placer de acompañarle en 1971 y descubrir juntos el garbanzo canario (Cicer canariense), unas placas de fonolitas que debían incorporarse a la vivienda-laboratorio del jardín de Tafira para ejercer de rústicas pero sonoras campanas. No hubo ocasión de volver a por ellas.





A pesar de que no siempre contó con el apoyo y la comprensión de sus diversos superiores, a uno de los cuales no consiguió encontrar “una planta con suficientes espinas que dedicarle”, supo reunir en el Jardín de Aclimatación de La Orotava una curiosa e interesante biblioteca botánica, en parte gracias a su amistad con el bibliófilo holandés Sr. R. Schierenberg, dueño del prestigioso Anticuario Junk, así como un interesantísimo herbario, en la actualidad conocido internacionalmente con las siglas ORT (derivado de Orotava), al que incorporó más de 40.000 ejemplares, en su mayor parte fruto de sus herborizaciones por las islas, y al que acompañan varios miles de duplicados. Una colección actual de referencia obligada para los estudiosos de la flora canaria ya que en ellas se conservan, además, la mayoría de los “tipos” correspondientes al material original que sirvió a Sventenius para la descripción e iconografía de sus nuevas especies. A la muerte de Sventenius, el Sr. Schierenberg quiso dedicarle un homenaje con la edición de un lujoso y hermoso libro dedicado a su vida, cuyo contenido comenzó a preparar y tuve ocasión de ver. Lamentablemente, su propia muerte le impidió llevar a cabo dicho proyecto
Tuvo el placer de recorrer, en unas condiciones muy distintas a las actuales, con valoraciones positivas o negativas según gustos y “filosofías de vida”, gran parte del territorio canario, toda sus islas e islotes, incluido el Roque del Este (1957), al que su amigo conejero D. Mariano López Socas, apoyo incondicional para todos sus desplazamientos a las islas orientales e islotes del archipiélago Chinijo, califica de “cementerio de volátiles”. En su peregrinaje insular contó con diversos y notables colaboradores además de D. Mariano en Lanzarote, a quien le dedicó una corregüela de Famara (Convolvulus lopezsocasi). Trató por ejemplo con D. G. Winter, dueño de la península de Jandía en Fuerteventura, a quien le fue asignada la magarsa majorera Argyranthemum winteri; D. Juan Nogales, de Gran Canaria, con quien compartió además excursiones y cuyo nombre acompaña a un cardo majorero, Onorpordon nogalesii; D. Buenaventura Bravo, hermano de D. Telesforo, en la Gomera, que fue eternizado en su bella tabaiba (Euphorbia bravoana); D. Filiberto Darias, también de La Gomera, que recibió la dedicación de la Centaurea satarataensis ssp. dariasii (actualmente elevada a especie como Cheirolophus dariasii); o su apreciado jefe y amigo D. Jorge Menéndez, cuyo apellido da nombre al Dendriopoterium menendezii, otra bella rosácea exclusiva de Gran Canaria. No fueron los únicos homenajeados por Eric, pues otros botánicos europeos también recibieron dicho honor, como el Dr. B. Petterson de Helsingfors (Helsinki) con la Euphorbia x perterssonii o el histórico fundador del Jardín de Aclimatación, D. Alonso de Nava, que inmortalizó en el nombre de otra tabaiba híbrida (Euphorbia x navae) de Tenerife.




Tampoco se olvidó de otros estudiosos y responsables, con mayor o menor acierto, del medio ambiente canario, como los ingenieros de montes D. Luis Ceballos, cuyo nombre está ligado al de un barbusano gomero (Apollonias ceballosi), y D. F. Ortuño, que recibió en homenaje la dedicatoria de una cerraja gomera (Sonchus ortunoi). Con ellos intercambió una escasa correspondencia
En el Jardín Botánico del Puerto de La Cruz, en su aislado y tranquilo refugio de ermitaño, frente a las escaleras que pisara el mismísimo Humboldt, se supo rodear además de sus gatos Kim “el gran maestro”, sus hijos Ninou y Nepentes y luego Mayo, este último regalo de Olegario Mesa, su ayudante en el orquidario que formaba parte de un grupo de colaboradores que le acompañaban en sus herborizaciones y desplazamientos dentro y fuera de las islas, en el que también estaban el recordado y peculiar D. Carlos González y el “risquero” Israel Bello, a todos los cuales nombra en el prefacio de su Additamentum en agradecimiento a sus respectivas ayudas, poniendo a veces en peligro sus vidas para acceder a plantas interesantes colgadas en riscos casi inaccesibles como la interesantísima siempreviva gigante de Gomera (Limonium dendroides
Sventenius tuvo ocasión de mantener un abundante epistolario con diversos botánicos de la península y extranjero (todos los continentes), además de la ya mencionada correspondencia íntima y familiar con el monje Adeodato Marcet y sus amigos-padrinos catalanes Teresa y Antonio. Entre otros se carteó con los profesores Pío Font i Quer y A. de Bolós, el experto en jardinería J. Pañella, así como diversos especialistas internacionales, particularmente en plantas suculentas, entre las que él tenía especial predilección por la familia de las Asclepiadáceas y de las cuales llegó a reunir una interesante colección, lamentablemente desaparecida, en el Jardín Botánico. Entre los más apreciados se hallaban el inglés E. Lamb, que visitó las islas en su yate junto a su esposa e hijo y a quien le dedicó una tabaiba amarga gomera (Euphorbia lambii) muy próxima a la tinerfeña E. bourgeauana, que él desconocía y cuya gran similitud no podía, por tanto, conocer. También al especialista alemán J. Krainz, como experto en plantas suculentas, le asignó un bello cardoncilllo gomero, la Ceropegia krainzi, una de las más llamativas de este grupo de plantas crasas canarias.




Sus dotes para trazar dibujos, “hechos con una precisión extraordinaria y con una técnica casi japonesa” según comentarios del crítico de arte de E. Westerdahl, una de las personas que han escrito algo en su memoria, se plasmaron en un número importante de láminas y acuarelas, mayormente de plantas canarias, sin olvidar sus queridas asclepiadáceas o algún curioso dibujo de sus correrías y paseos por Cataluña realizados antes de venir a Canarias. La mayor parte de las especies nuevas descritas por él están acompañadas de sus propias ilustraciones, siendo escasas las realizadas por algunos amigos como D. Celestino González, que ilustró el bejeque gomero Aeonium rubrolineatum, o D. Telesforo Bravo, autor de los dibujos de tres hierbas pajoneras (Descurainia artemisoides, D. gilva, D. gonzalezii), una col de risco (Crambe scoparia) y la magarsa del abad Escarré. No fue aquí, en las láminas, el único lugar donde Sventenius dejo plasmado su don artístico: tanto el diseño del Jardín Canario de Gran Canaria como los numerosos detalles que lo acompañan son fruto de su inquietud y sus dotes, con gran sensibilidad para captar o interpretar la naturaleza y combinarla armoniosamente con su propia obra
Su especial cariño por los gatos, independientes, orgullosos y solitarios como él, le hizo rodearse de ellos tanto en el Puerto de La Cruz como en su corta estancia en el Jardín Canario Viera y Clavijo, al que se desplazó una vez que el Cabildo de Gran Canaria le hizo su contrato como director, abandonando definitivamente, de forma oficial, Tenerife en 1971. En su penúltimo año de contrato con el INIA, su nombre ahora figuraba como Eric R. Sventenius Larlesen (error por Carlesen). A fines del año 1971, volvió de Gran Canaria acompañado del jardinero D. Manuel Sánchez Santana para pasar sus últimas navidades en su acogedor tusculum de Tenerife y recoger sus últimas pertenencias. Seguramente, un momento muy especial para él después de tantos años de vivencias en ese querido rincón, su verdadero y único hogar, lejos del ambiente “ruidoso de los hoteles” que él comentaba en una carta a María Teresa.


Su pasión por los gatos lo llevó a lamentar tristemente la muerte de uno de ellos, quizás su gato preferido, Mayo, que enterró a los pies de su tusculum y al que dedicó uno de los pocos escritos no botánicos que conocemos de él. En dicho texto, publicado posteriormente por L. Kercher en un periódico local, se recoge la trágica muerte del querido animal al igual que siete años después ocurriría la suya en circunstancias muy semejantes: atropellado por un coche, al borde de una carretera donde en sus propias palabras “su despedida de este brutal y mecanizado mundo debió haber sido instantánea

Respetuoso y comedido en sus comentarios, un tanto tímido, “hombre solitario poco común, extraordinario e insigne”, con una “terrible capacidad de soledad” según palabras del profesor Wildpret, o que, según el crítico de arte y amigo Westerdahl, “tenía la sencillez del sabio pero también la íntima soberbia de una individualidad desplazada”, con una “dedicación ejemplar”. A pesar de ello, no dejaba de tener sus buenos y graciosos “golpes”, como cuando le recriminaba a Julia Pérez, compañera de carrera y primera bióloga incorporada al Jardín Canario, que estuviera tomando “kaka-cola” cuando compartíamos almuerzo con ella y Jaime O’Shanahan en una salida de trabajo en las cumbres de Gran Canaria.



Aunque su obra más visible para el pueblo, su Jardín Canario, donde reposan sus restos, aún espera una inauguración oficial entre los sones de la sexta sinfonía de Beethoven como él hubiera deseado, no es necesario tal acontecimiento para poder apreciar el gran legado que nos ha dejado en la exquisitez de los múltiples detalles del propio jardín, tan bien diseñados, dirigidos y elegidos por él. La piedra tallada (verde, roja, gris...), su color, su canto con el agua, el lenguaje vivo de las piedras abrazadas, cual amantes, por los endemismos, la Fuente de los sabios (un homenaje a algunos de los predecesores en la historia de la botánica canaria), su sencillez... Compartió sus valores con numerosos botánicos que visitaron las islas (Lamb, Lems, Benl...), se establecieron en ellas (Kunkel, Bramwell) o se formaron en la nueva Sección de Ciencias Biológicas (ULL) bajo la tutela del profesor W. Wildpret, hoy recién jubilado de sus tareas docentes, surgiendo numerosos biólogos locales al tiempo que llegaban al archipiélago jóvenes botánicos formados en prestigiosas universidades extranjeras, quienes desarrollaron trabajos de investigación pioneros que sirvieron, en parte, de modelos inspiradores para las investigaciones locales que se iniciaban a la sombra del Departamento de Botánica de la ULL. Destacan entre ellos los doctores Bramwell (que ha ocupado desde 1974 y hasta la actualidad el cargo de director del Jardín Botánico Viera y Clavijo, a raíz de la muerte de Sventenius), Dr. C. Humphries (autor de la revisión del género endémico macaronésico Argyranthemum, nuestras magarsas o margaritas, con veintidós especies conocidas exclusivas de Canarias, tres de Madeira y una de las islas Salvajes), L. Boulos (revisor, al igual que la Dra. A. Aldrige, de nuestras cerrajas y lechuguillas, Sonchus s. lato), o la suiza Ilse Mendoza-Heuer, que estudió nuestras chahorras (Sideritis spp.). A todos ellos y a muchos más, ofreció y brindó su ayuda incondicional y desinteresada.




Como reconocimiento a su labor, diversos botánicos hemos nominado alguna especie en su honor. Entre ellos, el Dr. P. Font i Quer le dedicó el monotípico género Sventenia, bella, humilde y pequeña cerraja que habita únicamente en los impresionantes riscos de Guayedra (Tamadaba, Gran Canaria); un espléndido homenaje para Eric, aunque en la actualidad este nuevo género, Sventenia, está considerado muy próximo e incluido en Sonchus. Pero hay otras especies dedicadas a él, tales como el helecho Cheilanthes sventenii Benl, la cariofilácea Cerastium sventenii Jalas (habitante de riscos en zonas medias y cumbreras en La Palma, Hierro y Tenerife), el Cheirolophus sventenii (Santos)Kunkel (un cabezón de risco exclusivo de La Palma), la magarsa herreña Argyranthemum sventenii Aldrige & Humphries, la siempreviva grancanaria Limonium sventenii Santos & Fernández, la pequeña boraginácea Erithrichum sventenii Sunding (también presente en África), la rara col de risco majorera Crambe sventenii Petterson ex Bramwell (que tuve el placer de redescubrir junto al Dr. Sunding en los riscos de Vigán en 1971), la chahorra grancanaria
Sideritis sventenii Kunkel (una de las pocas con flores violetas) o el taginaste tinerfeño Echium sventenii Bramwell
pesar de que recibió diversas propuestas para ocupar otros puestos aparentemente más interesantes (Blanes y Cap Ferrat, al menos), quiso quedarse entre nosotros, en su querida tierra canaria que tantas alegrías le proporcionó pero que también, a veces, le hacía sufrir con su loco progreso y algunas incomprensiones

Gracias, Eric, por tu amistad, las horas compartidas y el hermoso legado que nos dejaste, parte del cual aún espera ver la luz. En palabras de Jaime O’Shanahan, “En fin, todo el Jardín y cada planta, son testigo de un amor, una dedicación y un estudio riguroso y honesto”. Él lo sabe muy bien. Cunda su ejemplo con la misma honestidad.





TYNDALL,Para ti
_________________
Comunicar es compartir

Sombras del Nublo

Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado Enviar email
Tyndall
mesias del post
mesias del post


Registrado: Feb 04, 2007
Mensajes: 25099

MensajePublicado: Sat Jul 02, 2011 3:15 pm    Asunto: Responder citando

A ver si le hecho un vistazo luego con más tiempo, que ahora voy a almorzar y a pegarme una siesta que creo que la tengo bien merecida.
Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado
roquenublo
zörg supremu
zörg supremu


Registrado: Mar 06, 2010
Mensajes: 6923
Ubicación: las palmas de gran canaria

MensajePublicado: Sat Jul 02, 2011 11:46 pm    Asunto: Responder citando



Helechos canarios.

Un rico patrimonio con una vieja historia

Arnoldo Santos Guerra - J. Alfredo Reyes-Betancort

Biólogos. Unidad de Botánica del Instituto Canario de Investigaciones Agrarias

Qué son los helechos? Los helechos o pteridófitos, para círculos más científicos, constituyen un grupo de vegetales primitivos que, aunque no desarrollan flores, poseen haces conductores y estructuras equiparables a tallos, hojas y raíces. Se reproducen en general por esporas englobadas en esporangios que se agrupan a su vez en soros protegidos a veces por indusios, cuya morfología y disposición contribuyen a su identificación, y en algunos casos, también poseen reproducción vegetativa por medio de rizomas y propágulos aéreos. Están mejor adaptados a vivir en ambientes frescos o húmedos y a zonas cálidas, por lo cual su diversidad y abundancia va disminuyendo a medida que nos alejamos de las zonas tropicales. Constituyen uno de los grupos vegetales terrestres más antiguos, presente ya desde el Período Carbonífero, hace más de 350 millones de años

Pinceladas históricas y diversidad



Las primeras referencias conocidas sobre helechos presentes en Canarias se remontan a fines del siglo XVII, en que aparecen descritas o iconografiadas al menos seis especies relacionadas con nuestras islas. En particular eran bien conocidos en esa época dos de los más famosos helechos que compartimos con Madeira y otras zonas geográficas: la tostonera (Adiantum reniforme) y la cochinita, cochinilla o batatilla (Davallia canariensis). De hecho, ambos, junto con la hierba candil (Asplenium hemionitis) y otra cochinilla (Cheilanthes maranthae), fueron recolectados en Madeira durante el viaje realizado en 1687 a Jamaica por el famoso H. Sloane, fundador del Museo Británico londinense, que se detuvo durante algunos días en dicha isla. Poco después, aún en dicho siglo, aparecen descripciones con materiales provenientes, probablemente, de Canarias en la obra de Leonard Plukenet, que se basó para ello en las plantas cultivadas ya en Inglaterra en la segunda mitad del siglo XVII o en ejemplares recolectados por J. Cuninghame en la isla de La Palma a fines de 1697 y principios de 1698. También ambas especies (Adiantum reniforme y Davallia canariensis) aparecen iconografiadas en la Phytographia de Plukenet, publicada a fines del siglo XVII, no siendo las únicas especies que fueron herborizadas por este médico naturalista en sus recorridos por los barrancos aledaños a Santa Cruz de La Palma en esta azarosa, pero para nosotros afortunada, escala en su trayecto rumbo a China. Al menos, en los herbarios conservados en el Museo de Historia Natural de Londres, hemos podido identificar siete especies más de helechos, entre las que se encuentran la famosa y bella píjara (Woodwardia radicans), el culantrillo negro (Asplenium onopteris) y el helecho macho (Dryopteris oligodonta), uno de los pocos helechos exclusivos de Canarias y Cabo Verde, frecuentes los tres en nuestros bosques de laurisilva, e incluso el Asplenium fuera de ellos.



Si tenemos en cuenta los últimos trabajos publicados (Lista de especies silvestres de Canarias y otras obra
podemos indicar que la flora pteridológica de Canarias comprende unas 65 especies (55 nativas y 10 exóticas), pertenecientes a 21 familias (4 introducidas) y 31 géneros (5 introducidos), muchos de los cuales se hallan representados por una sola especie (Davallia, Diplazium, Equisetum, Woodwardia...). Tan sólo 4 pueden considerarse como endemismos estrictamente canarios y 3 exclusivos de la Macaronesia. Teniendo en cuenta el número de especies, el género mejor representado es Asplenium, con 16 taxones diferentes. Algunas especies son muy comunes, como la indicada Davallia, cuyos gruesos rizomas, como dedos, comíamos en juegos infantiles una vez desprovistos (pelados) de sus escamas, o el Polypodium macaronesicum, y otras rarísimas como podría ser el caso del pequeño helecho Asplenium septentrionale, con escasa presencia en las cumbres de las islas más altas, Tenerife y La Palma. Otras no están bien estudiadas y necesitan investigaciones futuras para aclarar su estatus, como el posible endemismo descrito por Kunkel Asplenium terorense, exclusivo de Gran Canaria, o los tres representantes del género Cystopteris.




Las familias introducidas corresponden a Azollaceae, Oleandraceae, Psilotaceae y Salviniaceae. Otra familia, Marsileaceae, de dudosa espontaneidad, probablemente hay que considerarla extinguida en el archipiélago. Algunos de estos helechos constituyen auténticos fósiles vivientes en la historia evolutiva de las plantas terrestres. Nos referimos a la presencia espontánea del delicado Psilotum nudum, de tallos delgados, ramificados dicotómicamente, en algunos jardines de Tenerife y La Palma, posiblemente diseminado con la introducción y cultivo de plantas ornamentales de diversa procedencia

Paralelamente a otros archipiélagos macaronésicos, en los cuales las Azores albergan 78 especies y Madeira posee más de 80, nuestras islas presentan una relativa riqueza, a lo cual contribuyen sus variadas zonas ecológicas. Sin embargo, y teniendo en cuenta la afinidad de muchas especies de helechos por zonas húmedas, los bosques de laurisilva canarios no son tan ricos como los de dichos archipiélagos, que poseen una mayor diversidad con algunas curiosas y llamativas especies, como por ejemplo las pertenecientes a los géneros Lycopodiella, Huperzia o Diphasiastrum (todos de la familia Lycopodiaceae), que no llegan a estar presentes en nuestras islas. Dentro del archipiélago, Tenerife es la isla con mayor número de helechos, seguida de La Palma, La Gomera, Gran Canaria, El Hierro, Fuerteventura y Lanzarote, en razón de la mayor o menor diversidad ecológica e independientemente de su edad geológica

En 1724, L. Feuillée recoge, en su manuscrito del viaje al archipiélago para fijar la posición del meridiano 0, los primeros dibujos realizados in situ sobre helechos canarios, correspondientes a la hierba candil (Asplenium hemionitis) y a un trozo del fronde de un Polystichum setiferum, probablemente observados en las cercanías de La Laguna, en cuyos alrededores herborizó y donde pernoctó en varias ocasiones en casa de la familia Porlier.



Aportaciones significativas al conocimiento de este grupo de vegetales en Canarias fueron hechas a principios del siglo XIX por el famoso botánico A.J. Cavanilles, basándose en diversos materiales recolectados y enviados por el cónsul francés P.M.A. Broussonet desde Tenerife

La investigación botánica propiamente dicha anterior a la publicación de la magna obra Historia natural de las islas Canarias (1830-1850) queda recogida en este trabajo por sus autores P.B. Webb y S. Berthelot. En esta obra, primer catálogo más o menos extenso sobre la flora canaria, se citan 38 especies y se recogen datos de publicaciones previas como la de Bory de Saint-Vincent (1803), en cuyo libro Essais sur les iles Fortunées et l’antique Atlantide ya había enumerado 27 especies, algunas introducidas, e incluía un hermoso dibujo de uno de los helechos más famosos de las islas a nivel popular por su uso medicinal, la doradilla (Asplenium aureum). Durante su estancia en Tenerife, Bory también contó con la ayuda de Broussonet

Posteriormente diversos autores (L. von Buch, H. Christ, C. Bolle, J. Bornmüller, L. Pitard...), a lo largo del siglo XIX y principios del XX, van incorporando información respecto al número y distribución de estas especies en las islas, datos que vuelven a ser recopilados entre los años 60-80 del pasado siglo por G. Benl en diversos trabajos, uno de ellos en colaboración con E. Sventenius en 1970. En esta época hay también diversas aportaciones de G. Kunkel, y más recientemente realizan notables contribuciones a la flora pteridológica el portugués J. Ormonde y el pteridólogo canario T. Sánchez, entre otros

Dentro del mundo iconográfico local destacan los dibujos de M.A. Kunkel y las recientes plasmaciones artísticas, a color, de Lucas de Saá, algunas de las cuales se reproducen en el presente artículo.



Distribución ecológica



Los helechos en Canarias se distribuyen en distintos hábitats, aumentando la diversidad de especies, como ya hemos mencionado, para los lugares más favorecidos que corresponden en general a los ambientes húmedos del monteverde. Aparte de estos nichos ecológicos más favorables para su desarrollo, los helechos están presentes, aprovechando las épocas invernales más propicias, desde casi el nivel del mar hasta las cumbres por encima de los 2.000 m. En zonas costeras nos podemos encontrar sobre sustratos arenosos o muy permeables con el curioso y diminuto Ophioglossum polyphyllum, uno de los tres representantes del género en Canarias, o bien, por su adaptación a la salinidad, con el culantrillo marino (Asplenium marinum), que elige grietas frescas y, aunque raro en las islas, se ha localizado en todas ellas. Otras especies de helechos están distribuidas en los ambientes xéricos de las zonas bajas dominadas por los tabaibales y cardonales. El más adaptado a este clima es el helecho lanudo (Cosentinia vellea), cuyos frondes están recubiertos de un tomento blanquecino. También en estos lugares destacan dos especies de Cheilanthes, Ch. maderensis y Ch. marantae, este último caracterizado por el verdor del haz y el color cobrizo de su envés peludo, cuyos raquis fumábamos durante los juegos de la infancia. A pesar de la aridez que caracteriza estas zonas, puede haber lugares con aguas casi permanentes, pequeñas fuentes, etc., donde es posible observar especies que luego serán frecuentes en ambientes más acogedores del monteverde. No es raro encontrarnos con los culantrillos de pozo (Adiantum capillus-veneris), típico también en las destiladeras caseras, o con el más raro y tal vez asilvestrado A. raddianum, así como, escapándose de la sombra de los laureles, con algún ejemplar del helecho hierba candil (Asplenium hemionitis), una de las especies más llamativas por sus frondes triangulares de lámina casi entera y sus largos soros lineares.


Estos mismos ambientes, si bien más ruderalizados, son los que aprovechan diversas especies oportunistas que han conseguido asilvestrarse en las islas. Éste es el caso del subespontáneo y alóctono helecho cosmopolita Christella dentata, por algunos considerado como nativo e incluso en peligro de desaparición de las islas, cosa que no demuestra su adaptación casi única a lugares perturbados por actividades humanas. Sin embargo, no lo hallamos tan abundante como la vulgar helecha (Nephrolepis exaltata), una especie ampliamente cultivada y asilvestrada, y mucho menos como el llamativo helecho de cuero (Cyrtomium falcatum), igualmente escapado de cultivo, cuyo carácter invasor las hace potenciales competidoras de alguno de nuestros endemismos o elementos autóctonos. Aunque la mayor parte de las localizaciones en que ahora se hallan se reducen a paredes de cultivos de plataneras, con humedad casi permanente, cercanías de viviendas, e incluso paredes dentro de núcleos urbanos o recientes soportes artificiales en nuevas vías de comunicación, ya han iniciado su dispersión a otras zonas de mayor valor ecológico e incluso a espacios naturales protegidos

Las zonas de monteverde, incluyendo los lugares dentro de ellos con escorrentías, constituyen el hábitat más idóneo para el desarrollo de esta peculiar flora. Al menos 15 especies se hallan casi exclusivamente en estos lugares, destacando por su rareza la bella Culcita macrocarpa, bautizada como helecho colchonero, que en la actualidad se localiza sólo en pequeños y reducidos enclaves de los bosques de Anaga (Tenerife) mejor conservados, cosa que no ocurre en otros archipiélagos macaronésicos septentrionales, donde la abundancia de lluvias y nieblas favorece su desarrollo, llegando a ser común en diversas áreas de Azores y Madeira.



En el área natural de la laurisilva y bosques de fayal-brezal llegan a tener un protagonismo de primer orden las especies de gran porte, como el Dryopteris oligodonta, el helecho de monte (Diplazium caudatum) o la espectacular Woodwardia radicans, el mayor de los pteridófitos canarios, cuyos frondes pueden llegar a superar los tres metros de largo, dando nombre a la famosa localidad de El Pijaral en Anaga. Además de estas tres especies, otros helechos de porte relativamente grande llegan a ser frecuentes, o al menos a estar presentes, a lo largo de las zonas menos alteradas del monteverde; destacamos otros representantes de menor porte del género Dryopteris, entre los cuales D. guanchica, con pínnulas dentado-acuminadas, sólo se halla distribuido en nuestro archipiélago por Tenerife y La Gomera, siendo esta última isla la única donde se ha podido localizar otra especie de este grupo, el D. aemula. Algo más pequeño y de frondes más estrechos, está bien representado el Polystichum setiferum, frecuente en varias islas occidentales y raro en El Hierro, mientras que una población de las cumbres de La Palma parece corresponder a su pariente el P. aculeatum.




De porte similar a los anteriores, pero con mayor número de frondes, se halla el helecho hembra (Athyrium filix-femina), relegado a ambientes muy húmedos de laurisilva o cercanías de manantiales. Acompañan en el monteverde otras especies de gran rareza y belleza, como el hermoso helecho rajuño (Pteris incompleta), a veces confundible con la Woodwardia radicans de la que se diferencia fácilmente por su menor porte y por la situación, en el borde, de sus soros. Otra especie más pequeña es el curioso Blechnum spicant, presente sólo en Tenerife y La Gomera, con sus peculiares esporofilos bien diferenciados de los frondes estériles. Tienen igualmente un hábitat terrestre, siendo frecuentes, en varias islas, el ya mencionado Asplenium hemionitis o aún más el A. onopteris. En ambientes similares son más raras otras especies de este género como el A. aureum y el A. lolegnamense, dos tipos de doradillas, o el A. monanthes y A. filare subsp. canariense. Otros taxones se establecen como epífitos aprovechando la alta humedad reinante y las escorrentías sobre los troncos de diversos árboles, incluso en los pinares húmedos. Aquí nos podemos encontrar la vulgar, pero no por ello menos bella, Davallia canariensis o el variable Polypodium macaronesicum, dos de los helechos mejor representados en varias islas, pero también el rarísimo y diminuto Hymenophyllum tunbrigense, relegado a los troncos del tejo (Erica platycodon) en zonas muy bien conservadas y húmedas de Anaga y La Gomera; o incluso igualmente la bella Vandenboschia speciosa, el helecho cristal, miembro de la misma familia que el anterior y caracterizados ambos por ser translúcidos, al tener una sola
capa de células en sus láminas, lo cual les confiere un aspecto muy delicado. Se halla distribuida por las islas centro-occidentales. Asimismo, los lugares con mayor escorrentía, manantiales y cauces de pequeños barranquillos bien conservados, donde el agua discurre con frecuencia, se ven caracterizados por la presencia del helecho de raquis negro, el también espectacular Diplazium caudatum, que puede sobrepasar los dos metros de largo

nos salimos del ambiente húmedo, o hiperhúmedo localmente, del monteverde y ascendemos al pinar, la atmósfera reinante se va haciendo más seca al perderse la influencia de los vientos alisios frescos, de tal forma que, en las vertientes septentrionales de las islas mayores, también va disminuyendo la diversidad de helechos que acompañan a la vegetación dominante. Progresivamente, el número de especies, en particular las de gran porte, decrece rápidamente a medida que nos desplazamos, por ejemplo, a las cumbres palmeras o tinerfeñas. Las más exigentes de la laurisilva, como son las diversas especies de Dryopteris, la Woodwardia, Diplazium, Pteris incompleta o algunos Asplenium, desaparecen casi por completo al igual que la tostonera que a veces tapiza las zonas rocosas inclinadas dentro de estos ambientes, en particular los paredones de los profundos barrancos en sus zonas más frescas y sombrías sin ser especialmente húmedas. Sin embargo, algunas especies bastante resistentes, como el Asplenium onopteris, pueden acompañar al fayal-brezal e incluso a los pinares en sus ambientes secos, al mismo tiempo que otras especies que raras veces vemos en la laurisilva pueden comenzar a hacerse notar, en particular el típico Cheilanthes guanchica u otras especies de Asplenium (A. ceterach y A. octoploideum, también pertenecientes al grupo de las doradillas, y el A. trichomanes) que en general prefieren hábitats rupícolas. En estos ambientes de pinares que aún conservan bastante humedad, donde siguen presentes la Davallia y el Polypodium, comportándose a veces como epífitos, podemos hallar en paredones húmedos el rarísimo Asplenium anceps, caracterizado por su raquis trialado

Son sin duda las zonas de cumbres donde hallamos la mayor pobreza de helechos, siendo pocas las especies que se arriesgan a soportar tan adversas condiciones, tanto respecto al frío y la nieve invernales como al calor diurno de las estaciones más secas, teniendo que acostumbrarse a un ritmo diurno y anual de variaciones de temperatura bastante alto. A pesar de todo, algunas especies tienen estos ambientes como único hábitat para su desarrollo, en particular el ya comentado Asplenium septentrionale, especie fisurícola de pequeño porte y de frondes muy finos que apenas sobrepasan algunos milímetros de ancho; quizás también el verdadero Asplenium adiantum-nigrum, y es también aquí, dentro del ambiente de las Cañadas del Teide, el único lugar donde se ha encontrado el pequeño Cheilanthes tinaei, de aspecto semejante, aunque de tamaño más reducido, al oloroso Ch. maderensis costero

pesar de los nuevos estudios que continuamente se llevan a cabo en las islas, su complejidad orográfica y climática hace que el hallazgo de novedades, especies no citadas para las islas, así como especies nuevas sea aún posible. La última de ellas, un pequeño helecho de las zonas centrales de Gran Canaria (Cheilanthes tirajanensis) ha sido propuesto recientemente por Tomás Sánchez. Por otra parte, la complejidad del estudio de los helechos, con una enrevesada genética, donde abundan los poliploides, hace necesario en muchas ocasiones un cuidadoso estudio cariológico para que sus cromosomas den la suficiente información que permita desentrañar las enmarañadas relaciones “familiares” que a veces se pueden encontrar entre ellos. Esto es lo que ocurre con el complejo de especies relacionadas con la doradilla (Asplenium gr. aureum en sentido amplio), que tienen varios parientes tanto en Canarias como en otros archipiélagos y zonas continentales próximas, entre ellas el endémico y poliploide Asplenium octoploideum de las zonas altas de Tenerife y La Palma, o el Asplenium lolegnamense relegado a algunas islas de Canarias y a la de Madeira

Es igualmente interesante, y un caso parecido al anterior, la complejidad en el Asplenium filare subsp. canariense, antiguamente considerado como especie endémica (A. canariense), un atractivo y bello helecho de zonas subhúmedas, tanto de pinares como de lugares de monteverde en todas sus manifestaciones, conocido de las islas occidentales, morfológicamente emparentado con el A. aethiopicum subsp. braithwaitii. Teniendo en cuenta lo expuesto, está claro que podemos encontrarnos helechos en todo el archipiélago, incluyendo la isla de La Graciosa y algunos de los islotes, donde se dan condiciones suficientes para la presencia de las especies de Ophioglossum más resistentes a la sequía, en particular O. polyphyllum, o la Cosentinia vellea, para lo cual o bien emiten sus frondes sólo en la época favorable (como ocurre también con Anogramma leptophylla, Cystopteris spp., Davallia, Polypodium y Pteridium), o bien reducen su actividad fisiológica y permanecen, aparentemente secas y muertas, durante las épocas más desfavorables (Asplenium spp., Cheilanthes spp.).

Uso popular

Dentro de la flora pteridológica destaca por su abundancia y por el uso popular que nuestras gentes han hecho de ella la helechera (Pteridium aquilinum), el más vulgar y abundante de los pteridófitos presentes en Canarias, a veces comportándose como invasor que molesta y perjudica a diversos cultivos como las viñas o adaptándose rápidamente con sus rizomas subterráneos a terrenos de cultivo abandonados o a zonas forestales muy antropizadas (pinares, fayal-brezal). La helechera ha recibido un distinto uso por parte de la población, que en buena medida, y con razón, la considera una buena materia prima para la elaboración de estiércol, por lo que es utilizada como cama del ganado. Además, constituyó durante las duras épocas de la postguerra, de escasos recursos alimenticios, un alimento supletorio, aunque de no muy buena calidad, para elaborar el pan de helecho a base de sus rizomas, que eran pelados, troceados, secados y reducidos a una especie de harina. Aunque en las islas no hay tradición de consumo de sus brotes jóvenes, tóxicos antes de su preparación, es un producto gastronómico aprovechado por la cocina japonesa y probablemente de otros lugares del mundo, ya que esta especie (con varias subespecies) es de amplia distribución mundial, auténticamente cosmopolita. Otros helechos con uso popular, en particular medicinal, son las doradillas comentadas (Asplenium gr. aureum) y la famosa cola de caballo (Equisetum ramosissimum), de tallos finos y articulados, esta última en lugares con escorrentías casi permanentes o en paredes de cultivos bien irrigados, ambas consideradas como diuréticas














Aparte de la flora pteridológica espontánea y los helechos ya comentados que se han asilvestrado en las islas (Adiantum, Cyrtomium, Nephrolepis, Psilotum o Pteris spp.), otras especies son cultivadas desde antiguo, entre ellas las particulares y llamativas helechas de a metro (Goniophlebium subauriculatum) o el arborescente y señorial helecho arbóreo, Sphaeropteris (Cyathea) cooperi, originario de Australia. También se cultivan diversas especies de Asplenium, como el A. nidus, de largos y anchos frondes enteros, o el A. viviparum, con frondes muy divididos y portando bulbillos reproductores en los mismos, presentes tanto en macetas como en patios y galerías semisombrías de diversa iluminación.


pues, los helechos, un grupo de vegetales bien representado en el archipiélago que aún precisa de estudios más profundos, varios de ellos con necesidad de que se establezcan medidas de conservación especiales encaminadas a asegurar su ancestral pervivencia, testimonio vivo del remoto origen y evolución de las plantas terrestres
_________________
Comunicar es compartir

Sombras del Nublo

Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado Enviar email
Mostrar mensajes de anteriores:   
Publicar nuevo tema   Responder al tema    Foros de discusión -> Azul y Verde Todas las horas son GMT + 2 Horas
Ir a página Anterior  1, 2, 3 ... 37, 38, 39 ... 235, 236, 237  Siguiente
Página 38 de 237

 
Cambiar a:  
Puede publicar nuevos temas en este foro
No puede responder a temas en este foro
No puede editar sus mensajes en este foro
No puede borrar sus mensajes en este foro
No puede votar en encuestas en este foro

Powered by phpBB © 2001, 2005 phpBB Group
Forums ©