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<title>El Portal de la Rosa de los Vientos</title>
<link>http://rosavientos.es</link>
<description>Rosavientos.es</description>
<language>en-us</language>

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<title>Don Pedro Cieza de Le&oacute;n.</title>
<link>http://rosavientos.es/modules.php?name=News&amp;file=article&amp;sid=310</link>
<description>Don Pedro Cieza de Le&oacute;n, un ilustre de Llerena.</description>
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<title>El Camino de Santiago: de la leyenda a la Historia.</title>
<link>http://rosavientos.es/modules.php?name=News&amp;file=article&amp;sid=309</link>
<description>Hace varios a&ntilde;os tuve la suerte de realizar un tramo del Camino de Santiago, el que va de Sarria a la capital Compostelana. No lo hice como creyente, porque no lo soy, sino como deportista, turista e historiador. La verdad es que me impresion&oacute; observar el gran n&uacute;mero de gente y de riqueza que puede acarrear una ciudad considerada Santa. A&ntilde;os despu&eacute;s pude comprobar eso mismo en Roma, en la ciudad del Vaticano. En este art&iacute;culo muestro un breve estudio que he realizado para intentar ver c&oacute;mo una leyenda del ap&oacute;stol Santiago ha podido a tener tanta repercusi&oacute;n en el pasado y en el presente de Espa&ntilde;a y de Europa.</description>
</item>

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<title>El cuadro</title>
<link>http://rosavientos.es/modules.php?name=News&amp;file=article&amp;sid=308</link>
<description>Ah&iacute; os envio un microrelato... espero que os guste

l cuadro esta ah&iacute; colgado, en el pasillo que comunica el sal&oacute;n con mi habitaci&oacute;n.&lt;br /&gt;
Esta recto, completamente recto y siempre esta observ&aacute;ndome.&lt;br /&gt;
El marco es gris, pero eso no importa, en la fotograf&iacute;a est&aacute; ella y estoy yo, y &eacute;ramos felices, &iquest;qu&eacute; paso entonces?.&lt;br /&gt;
Me observa y me molesta, y quiero torcerlo y tirarlo al suelo, y romperlo y prenderle fuego, no lo soporto, &iexcl;lo odio!.&lt;br /&gt;
Me est&aacute; cansando y no quiero pasar por el pasillo, porque no quiero que me mire, &iexcl;d&eacute;jame en paz!, &iexcl;te tengo miedo!. Miedo a la soledad y a lo solo que me siento, miedo a lo que soy y a lo que fui, y a no ser nada.&lt;br /&gt;
Pero el cuadro sigue ah&iacute; recto, expectante y yo aqu&iacute; mir&aacute;ndolo, no tengo mas remedio, ese cuadro es mi pasado y mis anhelos.&lt;br /&gt;
Y ah&iacute; sigue, mir&aacute;ndome y no puedo detenerlo, me persigue.&lt;br /&gt;
Ella me mira y yo me miro, y &eacute;l sigue recto. Quiero torcerlo pero no puedo.&lt;br /&gt;
Pero no importa, alg&uacute;n d&iacute;a caer&aacute; por su propio peso, al igual que estoy cayendo yo.&lt;br /&gt;
Porque somos una ca&iacute;da y caeremos juntos... dentro del cuadro.&lt;br /&gt;</description>
</item>

<item>
<title>BUENAS NOCHES LUNA</title>
<link>http://rosavientos.es/modules.php?name=News&amp;file=article&amp;sid=307</link>
<description>Os env&iacute;o un microrelato. A ver si os gusta.

Buenas noches luna”, dijo Ferm&iacute;n al salir de casa como hac&iacute;a todas las noches. Tras cruzarse la chaqueta con ambas manos empez&oacute; su camino a trav&eacute;s del callej&oacute;n. Esa noche no se encontr&oacute; con nadie antes de llegar al bar de Luis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Est&aacute; muy solitaria la noche, &iquest;Qu&eacute; tal por aqu&iacute;? Pregunto al entrar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luis mir&oacute; por encima del mostrador y continu&oacute; colocando las copas sin contestar.&lt;br /&gt;</description>
</item>

<item>
<title>Halloween</title>
<link>http://rosavientos.es/modules.php?name=News&amp;file=article&amp;sid=306</link>
<description></description>
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<title>EL GRUPO DE LOS PERDIDOS</title>
<link>http://rosavientos.es/modules.php?name=News&amp;file=article&amp;sid=305</link>
<description>Eran nuestros &uacute;nicos d&iacute;as de vacaciones. Dos noches en una casa de turismo rural en las monta&ntilde;as de la brumosa Galicia, un pueblo llamado Caldarcos que se parec&iacute;a mucho a la aldea de mis abuelos que todav&iacute;a ocupaba un lugar en mi memoria. Tierra de fantas&iacute;as y de sue&ntilde;os donde puede pasar cualquier cosa. Las fotos de la p&aacute;gina web mostraban una casa de piedra rodeada de un bosque de robles y de abedules que unido al aire acogedor de las habitaciones lo convert&iacute;an en el lugar ideal para pasar unos d&iacute;as de asueto. &lt;br /&gt;
Los d&iacute;as se hab&iacute;an recortado y se fue perdiendo el fulgor del verano que dio paso a un renqueante oto&ntilde;o; esa estaci&oacute;n pintada con melancol&iacute;as&lt;br /&gt;
Mi mujer y yo necesit&aacute;bamos desconectar de la ciudad, del ruido, del sofoco, del maldito tr&aacute;fico y de las prisas por llegar a ninguna parte. Despu&eacute;s de un verano muy caluroso nos vendr&iacute;a muy bien tomarnos un respiro. &lt;br /&gt;
Salimos media tarde y pens&aacute;bamos llegar a la cena para acostarnos pronto y aprovechar la ma&ntilde;ana. Dejamos la autopista de Madrid en Vilalba y nos dirigimos hacia la costa atravesando la Serra do Xistral con parada y fonda en O Valadouro. El viaje estaba siendo agradable, con alg&uacute;n descanso en una estaci&oacute;n de servicio para reponer fuerzas y en la gasolinera para llenar el dep&oacute;sito. Tambi&eacute;n para estirar brevemente las piernas.&lt;br /&gt;
De repente, cuando subimos una escarpada ladera empezaron a caer unas gotas de agua a las que le sucedi&oacute; un aguacero seguido de rayos y truenos que se divisaban en el horizonte.&lt;br /&gt;
La radio del coche, que siempre llev&aacute;bamos encendida perdi&oacute; las sinton&iacute;as lo que achacamos a la tormenta y a la agreste geograf&iacute;a de la zona. &lt;br /&gt;
Avanzamos bajo la lluvia un par de quil&oacute;metros hasta que el coche se par&oacute; de golpe.  Pens&eacute; que ser&iacute;a cosa del motor, que se hab&iacute;a enfriado, pero al abrir el cap&oacute; no encontr&eacute; ninguna anomal&iacute;a, aunque debo reconocer que mis conocimientos sobre mec&aacute;nica son bastante limitados. Como llov&iacute;a con tanta intensidad decidimos quedarnos en el coche, hasta que se estrope&oacute; el aire acondicionado y nos vimos obligados a bajar. No se divisiva ninguna casa ni pasaba ning&uacute;n otro veh&iacute;culo. Las posibilidades eran pocas y evit&eacute; contarle a &Aacute;ngela, mi mujer, que esa era una zona de lobos. Caminamos calados, con un fr&iacute;o monta&ntilde;oso que no era nada habitual en el verano hasta que vimos que sal&iacute;a humo de lo que parec&iacute;a una chimenea. Descendimos por un sendero recubierto de barro y tras varias horas de caminata llegamos a una casa recubierta de hiedras en la que se ve&iacute;a una luz. Utilizamos la aldaba para llamar y tras unos segundos apareci&oacute; un hombre muy mayor con una chaqueta de lana y nos pidi&oacute; que nos sent&aacute;ramos junto al brasero. En la mesa hab&iacute;a cubiertos para cuatro personas, aunque la impresi&oacute;n es que all&iacute; s&oacute;lo viv&iacute;a el anciano. Nos aclar&oacute; que hac&iacute;a a&ntilde;os que se hab&iacute;a ido, lo que entendimos como que hab&iacute;an fallecido, pero los platos y los vasos estaban dispuestos para su familia. Le contamos lo que nos pas&oacute; y se ofreci&oacute; a que pas&aacute;ramos la noche en su casa. A &Aacute;ngela no le pareci&oacute; buena idea, pero tal y como estaba el tiempo y sin coche, era la &uacute;nica opci&oacute;n que nos quedaba. Comimos algo de pan con queso y vimos como el hombre se dirig&iacute;a a aquellas personas invisibles, hasta les serv&iacute;a comida, lo que nos dej&oacute; estupefactos. A su mujer s&oacute;lo le puso un vaso de leche porque nos cont&oacute; que le sentaba mal cenar demasiado. &lt;br /&gt;
Nos acostamos muy temprano en una cama enorme y a lo largo de la noche no dejamos de escuchar ruidos; era imposible dormir, a lo que tampoco ayudaba el olor a cera que se hab&iacute;a extendido por toda la casa.  Me levant&eacute; y cuando baj&eacute; a la entrada vi al hombre con un caldero en el que hab&iacute;a varias hierbas que desprend&iacute;an un fuerte olor. Me dijo que ten&iacute;a que hacer un peque&ntilde;o viaje, que le estaban esperando un grupo de personas, entre ellas su familia que ten&iacute;an cuentas pendientes y que deb&iacute;a ayudarlos. Se me ocurri&oacute; pensar en la Santa Compa&ntilde;a y lo dije en alto, pero &eacute;l prefer&iacute;a llamarles Grupo de los Perdidos. Tienen alguna deuda, y est&aacute;n entre este mundo y el otro. Todas las noches con la luna menguante ten&iacute;a que realizar ese trabajo y de paso ir a buscar a nuevos miembros de su equipo, alguno de los cuales se resist&iacute;a. Me propuse que lo acompa&ntilde;ase, pero lo rechac&eacute;. Pens&eacute; que ser&iacute;an cosas de antes, sin importancia, pero cuando sub&iacute; a la habitaci&oacute;n desde la ventana vi como un reguero de luces se alejaba entre la oscuridad de las monta&ntilde;as. &lt;br /&gt;
ANT&Oacute;N LAMELA
</description>
</item>

<item>
<title>Oscuridad (microrrelato de terror, emitido tiempo ha)</title>
<link>http://rosavientos.es/modules.php?name=News&amp;file=article&amp;sid=304</link>
<description>&lt;blockquote&gt;“Os recomiendo vivamente la escucha de este relato... Nos ha gustado mucho... Toda una declaraci&oacute;n de principios a cargo de un vampiro a punto de fallecer... Un vampiro decadente, de los peores”.&lt;br /&gt;
- Juan Antonio Cebri&aacute;n, descanse en paz - &lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;center&gt;Oscuridad, oscuridad, no puedo ver nada en esta total oscuridad. Han parecido a&ntilde;os, han transcurrido siglos en esta breve oscuridad. Vivir de noche y yacer de d&iacute;a. Es dif&iacute;cil constatar el transcurso del tiempo cuando eres inmortal. Ayer paladeamos el vino de Babilonia y hoy agonizamos entre ruinas. Ansiamos ser vampiros y creemos saber lo que significa. Esta eterna oscuridad lo cambia todo, todo menos nuestra existencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Seguiremos siendo lo que fuimos, somos lo que seremos. &Eacute;sta es nuestra tragedia: matamos para vivir y vivimos para matar. Cenizas a las cenizas y polvo al polvo. Nuestra piel se vuelve negra bajo el sol. Corremos con los lobos y somos compa&ntilde;eros para los b&uacute;hos. En estos tiempos inseguros malvivimos ocultos, esperamos y tememos, pero siempre confiamos. Os devolvemos a la tierra y suplicamos borrachos de sangre por una noche m&aacute;s. Semienterrados, vivimos como animales que temen a su presa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Os tememos, s&iacute;, os tememos, pues al amanecer, protegidos de la luz asesina, descansamos indefensos bajo los escombros de un pasado glorioso. Nunca pudimos imaginar que la presa comenzara la caza del depredador. Tras siglos de terror el ganado se rebel&oacute;. Todas las dudas, todos los indicios, todas las sospechas se confirmaron. En mala hora la carro&ntilde;a se torn&oacute; en buitres. Desde la pesadilla surgi&oacute; un l&iacute;der. Y cuando el mast&iacute;n ladra, la manada a&uacute;lla y comienza la caza. La chusma empu&ntilde;a antorchas y crucifijos, y nos gritan asesinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oscuridad, acogedora oscuridad, &iquest;acaso lo somos? No somos criminales. Nuestros actos no son inmorales. No puede culparse al lobo que devora corderos, pues &eacute;sa es su naturaleza. El hombre teme lo que no puede comprender y ataca lo que teme, pues &eacute;sa es su naturaleza. La mujer trae la vida a este mundo, y teme lo que amenace a sus reto&ntilde;os, pues &eacute;sa es su naturaleza. Siempre fue as&iacute; y siempre lo ser&aacute;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nosotros ansiamos la sangre y la tomamos de los m&aacute;s d&eacute;biles. Somos depredadores y, como tales, seguimos las leyes naturales. No matamos por placer, sino para procurarnos sustento. Vosotros no pod&eacute;is decir lo mismo. Cre&eacute;is en complejas leyes humanas y divinas. Nosotros acatamos la ley del m&aacute;s fuerte. El d&eacute;bil perece, el fuerte sobrevive. Aquello que no nos mata nos hace m&aacute;s fuertes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Unos pocos reconocieron la verdadera senda. Tomaron el nombre de los hijos de Ca&iacute;n, y todav&iacute;a creen saber lo que significa. Buscan la justa condena que redima sus pecados. Saben que el mundo es locura. Ven con claridad las contradicciones y las aceptan. Exigen su justo castigo, y piden a gritos cuentas a Dios. &iquest;Acaso no saben que Dios ha muerto? Se perciben portentosas se&ntilde;ales en esta oscuridad sin retorno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tiempo se escurre entre mis dedos. La muerte verdadera se acerca. La siento ah&iacute; fuera, siguiendo el rastro de sangre que he marcado durante m&aacute;s tiempo del que puedo recordar. Todos mis recuerdos morir&aacute;n conmigo... el escriba de Alejandr&iacute;a que descubri&oacute; los or&iacute;genes de la vieja plaga... su b&uacute;squeda y nuestro exterminio... las verdaderas causas del incendio de la m&iacute;tica biblioteca... pudimos respirar tranquilos... los antiguos secretos nunca m&aacute;s revelados... las ciudades en el desierto sin nombre bajo cuyas arenas renacimos... fuimos temores para mentes infantiles... dioses para unos pocos iluminados que acud&iacute;an a nosotros... fueran reyes o mendigos... egipcios o griegos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ahora nosotros, los viejos dioses, morimos olvidados, confiando en d&iacute;as mejores que no llegar&aacute;n. Oscuridad, terrible oscuridad, quedan tantas historias que merecen la pena ser narradas... aquel vampiro toledano que enloqueci&oacute;... su prole ardiendo en las hogueras de la Inquisici&oacute;n... la noche en la que entr&oacute; en la catedral... y derram&oacute; veneno en el agua bendita... vampiros acobardados que se alimentan de ratas... vampiros tan humanos que lloran sangre al contemplar a sus v&iacute;ctimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el tiempo se acaba, y es hora de partir. En estas l&oacute;bregas ruinas siento el abrazo de la muerte como el remedio para la enfermedad. Como el soldado que baja del barco de guerra y vuelve a casa. Cuando busqu&eacute; la muerte no la encontr&eacute;. Cuanto dar&iacute;a ahora por un a&ntilde;o m&aacute;s, por una noche m&aacute;s, por un minuto m&aacute;s.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la historia llega a su inevitable final. Siento pr&oacute;xima la luz del amanecer. Me consumir&aacute; y no ser&eacute; m&aacute;s que cenizas. Fr&aacute;gil como una telara&ntilde;a, un insecto atrapado que asiste sereno a su propio fin. Soy el prisionero que vuelve al hogar tras un largo cautiverio. Oscuridad, oscuridad, terrible, acogedora y eterna oscuridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Original de Ignacio Fern&aacute;ndez Rossi-&lt;br /&gt;
- Escrito el 26 de mayo de 2002-&lt;br /&gt;
- Emitido el 18 de noviembre de 2002-&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;/center&gt;</description>
</item>

<item>
<title>El ni&ntilde;o de la ventana</title>
<link>http://rosavientos.es/modules.php?name=News&amp;file=article&amp;sid=303</link>
<description>&lt;br /&gt;
Cuba, 1848&lt;br /&gt;
     No he podido olvidar su mirada. Fue en una noche de luna menguante sobre las plantaciones de Santiago de la Vega, cuando el frecor de un febrero tropical ca&iacute;a ya sobre la isla y en el vag&oacute;n se respiraba el silencio de todos, acongojados ante la sobriedad del paisaje en penumbra de ca&ntilde;a de az&uacute;car. Las viejas historias de marineros feroces escuchadas en el puerto de La Habana hace pocos d&iacute;as  sonaban ahora como de otro mundo, retumbando lejanas en el eco de la campi&ntilde;a desierta. De vez en cuando el comboy se paraba en seco para admitir un cargamento m&aacute;s de ca&ntilde;a de az&uacute;car  y los pulmones se inundaban una vez m&aacute;s de aquel olor que me hab&iacute;a pose&iacute;do nada m&aacute;s dejar el barco de la metr&oacute;poli. En silencio, la inmensidad del oc&eacute;ano iba atrayendo al ferrocarril con su paso raqu&iacute;tico, nada parec&iacute;a alterarse y la noche era ajena a todo.&lt;br /&gt;
     Sobre el banco de madera mi hermana dorm&iacute;a con placidez y hac&iacute;a desmentir la imagen de cuando trataba con desprecio a los trabajadores mulatos de Bejucal. Mi padre, dorm&iacute;a tambi&eacute;n ataviado con sus condecoraciones, y s&oacute;lo el empresario de la Compa&ntilde;&iacute;a del Ferrocarril permanec&iacute;a levemente despierto, quiz&aacute;s atronado todav&iacute;a por las palabras secas del militar sobre los criollos insurrectos. En mi imaginaci&oacute;n tambi&eacute;n hab&iacute;a algo que no me dejaba dormir: aquellas palabras del se&ntilde;or Olavide sobre el accidente de Santiago de la Vega. Fue en 1835, durante la construcci&oacute;n de la v&iacute;a, cuando se produjo una explosi&oacute;n err&oacute;nea de dinamita mientras los jornaleros cubanos labraban un paso entre dos colinas. Aquella balsa de agua inesperada revent&oacute; y arrastr&oacute; sin remedio a la decena de muchachos preparados para llevarse de all&iacute; la tierra. Mi coraz&oacute;n se hel&oacute; por momentos cuando el empresario, consciente del p&aacute;nico infantil que yo hab&iacute;a mostrado por su historia, me se&ntilde;al&oacute; nuestro pr&oacute;ximo paso por el poblado de los trabajadores.&lt;br /&gt;
   Gir&eacute; mi cabeza, y mientras mi cuerpo infantil se deslizaba en el banco de madera, comenzaba a vislumbrar por entre el paisaje abrumador de ca&ntilde;as de az&uacute;car algunos barracones de barro en ruinas. A trav&eacute;s de la ventana observaba el humo de la locomotora disiparse en la estela, y todo aquello conformaba una atm&oacute;sfera de dif&iacute;cil definici&oacute;n, a medio camino entre el sue&ntilde;o y la realidad, donde los seres del pasado parec&iacute;an cobrar forma y yo no pod&iacute;a hacer nada por escaparme de ser arrastrado hacia ese lugar, lejos del amparo del mundo de los adultos. Fue entonces cuando apareci&oacute; el muchacho de la ventana. Era de piel negra, con un chaleco que dejaba ver su piel sucia por las explosiones, con la pica al hombro. Su rostro parec&iacute;a demasiado real como para ser un sue&ntilde;o o una imaginaci&oacute;n m&iacute;a inspirada por el ambiente, con todos esos atributos de la paciencia de sus ancestros acerca de aguantar las vicisitudes de la vida. Sab&iacute;a que era uno de ellos, de los muchachos descritos por el se&ntilde;or Olavide. Y lo que m&aacute;s me aterroriz&oacute; no fue el devaneo de mis sentidos, m&aacute;s tolerado en la infancia que en la vida adulta, sino el impulso de sentirme reflejado inevitablemente en &eacute;l.&lt;br /&gt;
    A&ntilde;os despu&eacute;s, ya en la metr&oacute;poli, tuve noticias acerca del se&ntilde;or Olavide. Yo hab&iacute;a so&ntilde;ado con el muchacho de la ventana hasta bien entrada la adolescencia, y desde la cama parec&iacute;a no se bien si amenazarme o invitarme a su atm&oacute;sfera, la misma en la que estuve inmerso aquella noche en el vag&oacute;n. Olavide hab&iacute;a dejado la Compa&ntilde;&iacute;a, entregado a una vida de tabernas en La Habana. Nadie entend&iacute;a su actitud, pero yo pude saber el secreto, lo le&iacute; en su cuaderno de bit&aacute;cora antes de terminar el viaje cuando ya hab&iacute;a logrado conciliar el sue&ntilde;o: se sent&iacute;a responsable por lo ocurrido en Santiago de la Vega, sobre todo despu&eacute;s de que una hechicera de las plantaciones de az&uacute;car le hablara sobre la perpetuidad del alma del trabajador infantil entre los vivos, gui&aacute;ndose por un trabajo hecho hace siglos por sus antepasados africanos del N&iacute;ger. Yo tambi&eacute;n lo sab&iacute;a.&lt;br /&gt;
</description>
</item>

<item>
<title>El Cid: Prototipo del caballero castellano</title>
<link>http://rosavientos.es/modules.php?name=News&amp;file=article&amp;sid=302</link>
<description>Anecdota: Como todos sabemos, el verdadero nombre de El Cid era Rodrigo D&iacute;az de Vivar. El apodo de El Cid, al parecer, se lo pusieron despu&eacute;s de luchar al frente de las tropas del Rey Sancho II como Alf&eacute;rez de Castilla, en la taifa de Zaragoza. Esta estaba gobernada por Moct&aacute;dir y despu&eacute;s de los combates se vio obligado a pagar al rey castellano.&lt;br /&gt;
Seg&uacute;n cuenta un cronista hebreo llamado Jos&eacute; Ben Zaddic, el valor de El Cid infundi&oacute; tal respeto en los &aacute;rabes, que comenzaron a llamarle \\\&quot;Sidi\\\&quot;, que quiere decir se&ntilde;or o maestro. As&iacute;, el Sidi devino en Cid y m&aacute;s tarde, en Cid Campeador...&lt;br /&gt;
</description>
</item>

<item>
<title>Lo Imposible </title>
<link>http://rosavientos.es/modules.php?name=News&amp;file=article&amp;sid=301</link>
<description>Y entonces despert&eacute;. Un brillo penetraba en mis ojos desnudando una fragilidad en ellos que no conoc&iacute;a, y me causaba un profundo malestar. Al agudizar la vista pude ver en un extremo de la habitaci&oacute;n una gran ventana abierta que, al jugar el viento con sus delicadas cortinas, me mostraba un grande y hermoso jard&iacute;n de estilo victoriano, adornado por grandes sauces y una densa vegetaci&oacute;n en los l&iacute;mites de este. El cielo que coronaba la visi&oacute;n, estaba llenos de peque&ntilde;as nubes y dibujaba poco a poco, al final de lo que lograba percibir, nubarrones grises en anuncio del fr&iacute;o y las lluvias.&lt;br /&gt;

</description>
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